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Cómo tener control dando opciones

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Cuaderno con respuestas

¿Qué siente cuando su hijo abiertamente te ignora? Todos esos sentimientos son asunto del control, y es normal que los padres queramos tener control de nuestros hijos. Queremos que hagan lo que queremos y en el momento en que lo queramos.  Con frecuencia los chicos se resisten con pasión y nos vemos de repente metidos en una lucha por el control de grandes proporciones.  Vea aquí un ejemplo un poco extremo. 

¿Qué debemos hacer cuando le pedimos a la chica varias veces que pase a comer y no lo hace? ¿Cómo crees que reaccionaría ella si simplemente vas a donde está y le susurras al oído: «Vamos a estar comiendo en la mesa por los próximos veinte minutos. Nos gustaría mucho que nos acompañaras porque nos encanta comer contigo. Ojalá te sientes con nosotros; pero si no, pues ya tendremos la oportunidad de nuevo mañana al desayuno.» 

El control es un fenómeno interesante: Entre más damos, más ganamos. Los padres que a toda costa quieren forzar su control sobre sus hijos (papás y mamás sargento) terminan perdiéndolo. Debemos establecer límites, pero luego debemos darle control a los chicos para que actúen dentro de dichos límites. Debemos permitir que los hijos ejerzan por sí mismos cierto control sobre su vida, para que aprendan responsabilidad e independencia. Pero no debemos darles más control del que pueden tener sin que con ello se volvían insoportables o pongan en riesgo su propia seguridad. El control representa poder, y los chicos siempre quieren más. 

¿Cuánto control debemos darles a nuestros hijos? Los psicólogos nos dicen que la gente compara el control que tienen solo en relación con el control que antes tenían, no con cierto control que suponen que deberían tener. Cuando las personas sienten que tienen más control del que antes tenían están satisfechas. Así que los chicos a quienes sus padres les van soltando poco a poco más control  generalmente se sienten satisfechos porque van teniendo más control que en el pasado. 

Empiece a darles control en pequeñas dosis cuando están chiquitos. Por ejemplo, cuando el niño está tomando un baño en la tina, le puedes preguntar: «¿Quieres salirte ya de la tina o quieres quedarte cinco minutos más? Nosotros no necesitamos control sobre esos cinco minutos y los niños necesitan sentir que tienen cierto control. Pero no debemos darles mucho control a una temprana edad, porque entonces se vuelven tiranos y pretenden controlar a sus padres con lloriqueos y pataletas. Lamentablemente esto los llevará a vivir una vida infeliz cuando sean mayores.

Ganando las batallas posibles por medio de opciones.

No podemos hacer que los bebés hablen en un instante, ni que coman cualquier cosa que les pongamos en frente, ni que usen el inodoro cuando lo necesiten. Simplemente les damos el ejemplo y les enseñamos.  Si constantemente estamos demandándoles cosas y dándoles órdenes, estaremos incitándolos a pelear y eventualmente vamos a perder. 

El secreto para establecer el control es concentrarnos en las batallas que sabemos que podemos ganar.  Esto significa que tenemos que escoger con cuidado nuestras batallas.  Debemos escoger aquellas áreas en las cuales tenemos control efectivo sobre nuestros hijos y ofrecerles opciones. No podemos obligar al chico a que coma en la mesa sin jugar con los platos, los cubiertos y la comida. Pero sí podemos controlar que esté o no sentado a la la mesa. No podemos obligar a la chica a que haga una tarea en en tiempo dado, sin hacer una pataleta; pero si podemos controlar el hecho de que coma tan pronto termine la tarea.  No podemos impedir que el chico grite o se porte irrespetuosamente, pero si podemos controlar el hecho de que lo haga en nuestra presencia. 

Las reglas para ganar las batallas sobre el control

  • Evite a toda costa las luchas de poder.
  • Si no hay más remedio que entrar en una batalla por el control, asegúrese de que usted va a ganar. 
  • Escoja el asunto con cuidado. Perdemos las batallas cuando no escogemos bien las áreas de control necesario.

Las batallas por el control se ganan dando opciones. Las opciones cambian completamente la estructura de las batallas por el control. Hacen posible que cedamos el control que no necesitamos y que logremos el control que realmente necesitamos. Cuando les damos opciones a los chicos, no existen demandas en contra de las cuales puedan reaccionar, y podemos establecer el control necesario. 

Una de las razones por las cuales las opciones tienen buenos resultados es porque forzan a los chicos a pensar. Ellos tienen que decidir. Las opciones ofrecen oportunidades para cometer errores y aprender de las consecuencias. Con cada mala elección que hagan ellos viene el castigo, no de nosotros, sino del mundo alrededor de ellos. Así los chicos no se enojan contra nosotros, sino contra ellos mismos. Darles opciones surte efecto porque así no tenemos que enfrentarnos en luchas de poder y fuerza contra nuestros hijos. Finalmente, darlos opciones es una forma de comunicarles a nuestros hijos que confiamos en su capacidad para decidir y aprender de sus propios errores, así se fortalece su estima propia y nuestra relación con ellos. Pero recordemos que sólo podemos darles opciones cuando estamos dispuestos a dejar que ellos enfrenten las consecuencias de tomar malas decisiones. 

Algunos chicos nacen con temperamentos que son menos dados a cooperar que otros. Otros niños, por la forma en que son criados, se van haciendo más y más desafiantes y tercos. Pero sin importar cuál sea el caso, si cambiamos un poco nuestra manera de hablar podemos lograr más cooperación de nuestros hijos, menos peleas, menos pataletas, menos gritos y castigos, menos rabias y más amor. 

No haga cosas que lo lleven a perder. ¿Qué pasa cuando una chica en clase mueve su silla para sentarse junto a otra compañera y la maestro le pide que regrese a su sitio? Puede desatarse una lucha que la maestra no puede ganar. El problema puede terminar con la niña saliendo del salón deshecha en llanto y la intervención de otros profesionales. Por otra parte la maestra puede decirle a la niña algo así como: «¿Podrías hacerme el favor de mover tu asiento de nuevo a su lugar? Si la niña no lo hace, la maestra podría decir: «¿Crees que no cooperar es una buena decisión cuando alguien te pide un favor de buena manera? Hablaremos acerca de esto al final de la clase».  Nadie ha perdido la batalla en este ejemplo. La chica no tiene la oportunidad de desafiar la autoridad de su maestra en frente a toda la clase, y si se necesita tomar alguna acción disciplinaria, puede hacerse en privado.

Este mismo principio lo pueden aplicar los padres. Los niños que se dan cuenta de que pueden desafiar a sus padres se vuelven más inseguros y quieren poner a prueba sus límites con más frecuencia. Cada vez que «se salen con la suya» su respeto por la autoridad de los padres merma. Los chicos que crecen guiados por los principios del amor y la lógica aprenden que cuando cooperan todos salen ganando.  

Los diálogos que estimulan el pensamiento y el mutuo respeto se parecen a lo siguiente:

  • «Te agradecería mucho si sacas la basura antes de acostarte.»
  • «Por favor, reposa en tu cuarto mientras te pasa la rabia.»
  • »¿Puedes venir, por favor.?»
  • »¿Podrías ayudar a tu hermana ahora? Te lo agradecería mucho.»

Piense en lo siguiente. ¿aprenden más los chicos sobre las consecuencias por experiencia propia o dándoles de lecciones al respecto?

Un ejemplo de cómo ganar batallas por control.

¿Qué harías en el siguiente caso? Mario de seis años está con sus padres en un comedero de hamburguesas. Los padres quieren llegar al centro comercial antes de que cierren las tiendas dentro de una hora. Los papás están comiéndose sus hamburguesas mientras que el pequeño Mario bombardea la suya con un avión de papa frita y haciendo globitos con la cocacola. «Apúrate con tu comida», le dice el papá, pero a Mario no le afana nada. El papá le dice a la mamá: «Haz algo con ese niño». Mario sigue sus entretenidos juegos como si nada pasara. El papá le dice: «Mario, te comes tu hamburguesa rápido o si no, verás lo que te va a pasar. Te vamos a dejar aquí solo, para que venga un policía y te lleve a la cárcel. ¿Es eso lo que quieres?» 

Mario, por su parte, seguramente piensa lo siguiente: «Tengo a estos dos adultos totalmente controlados y ni siquiera he abierto mi boca. ¡Qué poder! Controlo el tono de su voz, el color de su cara, y logro que hagan el ridículo delante de toda esta gente. Lo que menos me preocupa en este momento es que un policía me lleve a la cárcel.» 

Los papás de Mario cometieron un terrible error tratando de controlar qué iba a comer Mario y con qué velocidad. Si le hubieran dado opciones hubieran podido lograr el control que necesitaban. Por ejemplo, le hubieran podido decir: «Si quieres jugar con tus papas, no hay ningún problema. Saldremos de aquí en cinco minutos y puedes ir con nosotros satisfecho o con hambre.» Esto lo pueden decir en una forma amable y suave. No pueden hacer que Mario coma rápido, pero sí pueden controlar en cuánto tiempo parte el carro. El problema ahora es de Mario. «¿Me como la hamburguesa a tiempo o me quedo con hambre?»  

La mejor forma que tienen los chicos de controlar a los adultos es frustrándolos. Para un chico jugar a frustrar a un adulto representa un conjunto de emociones tentadoras y fantásticas. Los adultas se enojan cuando se frustran y pierden el control. ¡Nada más atractivo para los niños! Muchos de los chistes y las tiras cómicas de hoy se basan sobre adultos frustrados que pierden el control. Cuando los adultos se frustran dan muestras de fuertes emociones, usualmente ira, y admiten que no tienen control de la situación. La frustración casi siempre indica falta de control  El padre se pone rojo, hace ruido, se agita y le da el control al chico. ¿Qué niño no se entretiene con eso?

Al fin de los cinco minutos  El padre puede usar expresiones que incitan la pelea. Puede decir cosas como: «Ahora mismo te vas al carro.» «Ya deje eso ahí y nos vamos». Pero, en vez de esto, puede también usar palabras que incitan a pensar. «Ya pasaron cinco minutos. Nos vamos.» Mario entonces dice: «Pero yo no he terminado de comer». El padre dice: «Bueno, Mario, ¿quieres ir al carro caminando o quieres que te lleve cargado?» Probablemente el papá va a tener que llevar a Mario cargado y salir del restaurante con un niño gritando. No hay problema. El punto era que en cinco minutos tenían que salir. Al fin de cuentas, esa no sería la primera vez que la gente vería a un padre salir con un niño haciendo una pataleta de un restaurante. Parte de ser padre es lidiar con un niño difícil en un lugar público. 

Para que Mario puede aprender positivamente del incidente, los padres tienen que quedarse callados. Ahorrarse las palabras para algún otro momento mejor. La única oportunidad para razonar con un chico es cuando ambos están de buen humor. Cuando queremos forzar las lecciones sobre consecuencias con nuestros discursos, le restamos valor a lo que pueden aprender de la consecuencia misma. Deja que las consecuencias enseñen las lecciones. El papá simplemente lleva a Mario al carro y amablemente lo pone en su asiento sin decir nada. En algún momento más tarde Mario dirá: «Tengo hambre». El padre deberá evitar darle un discurso al niño sobre los comportamientos y sus circunstancias. Simplemente deberá decirle algo como: «Claro que tienes hambre, Lo siento. Eso me pasa a mí cuando no como. Creo que vas a tener muchas ganas de comerte el desayuno mañana ¿cierto?. No te preocupes. Habrá un buen desayuno». Las consecuencias y el remordimiento son mejores maestros que la ira y las amenazas. 

Escoja sus opciones con cuidado. Muchos padres comenten el error de proponer opciones para las cuales ellos no están listos. Algunas son absurdas. Por ejemplo: «Mario, o te terminas tu comida o te dejamos aquí solo.» Mario sabe bien que la segunda opción es absurda.

Los padres deben ofrecer opciones verdaderas, no amenazas.

  • ¿Quieres limpiar tu cuarto en la mañana o por la tarde?
  • ¿Quieres recoger tu juguetes o le quieres pagar a alguien para que los recoja?
  • ¿Quieres hacer tus oficios o usar tu dinero para que alguien más los haga por ti?
  • ¿Pueden resolver sus desacuerdos entre ustedes o echar suertes a ver quien se sienta en frente?

Las opciones que se proponen sin amenazas y calmadamente, permiten que los chicos tengan un poco de control sobre su vida, decisiones y problemas. 

Reglas para dar opciones

  • Siempre proponga opciones realistas, con las cuales usted puedas vivir. No proponga una opción que le disgusta, porque el chico generalmente escogerá precisamente esa. 
  • Nunca proponga opciones a menos que esté totalmente dispuesto a dejar que los chicos experimenten las consecuencias de sus elecciones.
  • Nunca proponga opciones que pongan en peligro al chico.

Siempre ofrezca dos opciones verbales, pero deja en claro que hay una tercera opción si el chico no decide por sí mismo. En tal caso usted decidirá por él.

La forma en que presente las opciones es importante. Empieza con cosas como:

  • Con gusto puedes  _____o_____.
  • Siéntente con libertad de _____o_____.
  • ¿Preferirias____ o____?
  • ¿Qué sería mejor para tí,_____ o______?

Tarea (Descargar la Tarea.pdf)

Hay tres reglas para ganar las batallas por el control.

  • Evite las peleas por el control a toda costa.
  • Si usted se mete en una pelea por el control, asegúrese de que ganará a toda costa.
  • Escoja sus batallas cuidadosamente. Si pierde una batalla es porque no escogió el asunto con cuidado. 

Observe lo que pasa en un día común y corriente. ¿Qué batallas puede evitar? ¿Sobre qué asuntos necesita en realidad tener control? ¿Qué puede hacer para asegurarse que gana la batalla?

Cuando haces algún requerimiento para pensar, debe ser algo así como:

  • “Te agradecería que saques la basura antes de cenar, gracias.”
  • Podrías irte a tu cuarto hasta que se te pase el coraje?  Gracias.”
  • “Hola, hazme el favor de venir. Gracias.”
  • “¿Serías tan amable y ayudarías a tu hermana ahora. Te lo agradeceré mucho.”

Practique haciendo algunos requerimientos de esta manera.

Practique la historia del chico que no quería comer en el restaurante. ¿Qué partes de la historia se asemejan a usted y sus hijos? ¿Acostumbra usted dar órdenes en vez de pedir por favor? ¿Es usted lo suficiente fuerte como para mantenerse fuerte y no acceder a lo que los muchachos quieren? ¿Cómo escogen ustedes sus batallas?

¿Recuerda alguna ocasión en la que usted le dio a sus hijos opciones que usted no estaba dispuesto a hacer cumplir? ¿Cuáles son algunos ejemplos de opciones que pueden poner en peligro a los chicos? Planee ofrecer a sus hijos opciones en las que esté implicado que usted tomará una decisión si ellos no lo hacen.

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Cuaderno: Respuestas

Criar hijos con amor and Lógica es apegarse a la filosofía de la ley y el orden. El hecho de que recomendemos que los padres que no se excedan dando órdenes e imponiendo arbitrariamente sus soluciones para resolverle los problemas a los hijos, no significa que debamos permitir toda clase de mal comportamiento. El proceso consiste en dejar que los chicos cometan sus errores y luego enseñarle lecciones valiosas mediante palabras que los hagan pensar. Procuremos no dar sermones, hablar mucho ni recalcarles en la cara sus errores en la cara. Simplemente provea orientación, deja do que ellos piensen por sí mismos. Las declaraciones aplicables y las opciones claras hacen que ellos aprendan a pensar.

Construye paredes que no se derrumben

¿Cómo podemos establecer límites de comportamiento sin decirles a los chicos qué deben hacer? Los límites bien definidos son cruciales en lo que queremos hacer. Nuestros niños necesitan la seguridad de buenos límites para aprender a tomar decisiones. 

Necesitamos ponerles límites desde que son bebés. Algunos padres les dan a sus hijos la seguridad límites firmes. Otros, los dejan en la inseguridad y el temor al no proveerás suficientes límites, o al establecer límites que se derrumban fácilmente. 

Los chicos se sienten más seguros con padres firmes que no permiten que los límites que fijan se quiebren fácilmente. Por otra parte, los chicos pierden el respeto por los adultos que no pueden fijar límites o son laxos a la hora de hacerlos cumplir. En pocas palabras los chicos que se portan mal y no tienen que sufrir ninguna consecuencia se vuelven malcriados.   Los chicos que aprenden a respetar límites impuestos con amor se sienten seguros de sí mismos, y no solamente aprenden a lidiar saludablemente con sus emociones, sino que también aprenden a mantener relaciones satisfactorias con otros. Estas relaciones, a su vez, ayudan a que los chicos desarrollen más confianza en sí mismos. Así, se vuelven más prontos para aprender, tienen menos tendencia a portarse mal y van creciendo saludablemente para ser adultos responsables. La falta de límites firmes conduce a la baja estima y al tipo de comportamiento que se relaciona con ella.

Cómo hablarle a un chico

Para muchos padres establecer límites quiere decir dar órdenes y reforzar esas órdenes con más órdenes, gritos e ira. Piensan que cada vez que les dan órdenes a sus hijos están estableciendo límites, y que ente más levantan la voz y con más frecuencia repitan las órdenes, más firmes son esos límites. Esto pueda que produzca "buenos resultados" a corto plazo. Pero a la larga no funciona bien. 

Los padres que practican la formación con amor y lógica insisten en el respeto y la obediencia. Pero cuando les hablan a sus hijos usan un enfoque distinto. En vez de usar palabras que provocan peleas o que comunícan órdenes arbitrarias usan palabras que hacen pensar. Usar palabras para pensar en forma de preguntas o de declaraciones aplicables es clave para practicar la disciplina con amor y lógica. Esto hace que responsabilidad de pensar y tomar decisiones recaiga sobre el muchacho. 

¿Cuál es la diferencia entre palabras para pensar y palabras para pelear? Lo primero son órdenes arbitrarias; lo segundo, declaraciones reflexivas. Usamos palabras para pelear cuando desafiamos al chico a desobedecer y usamos amenazas negativas si no cumple la orden. V.g. ¡Nunca me vuelvas a hablar en ese tono de voz! Usamos palabras para pensar cuando usamos declaraciones que hacen que el chico piense por sí mismo. V.g. "Parece que estás enojado. Con gusto te escuchare cuando tu voz esté al mismo nivel que la mía.” 

Los chicos aprenden más de lo que se dicen a sí mismos que de lo que les decimos nosotros. Creen más rápidamente lo que se les ocurre en su propia cabeza. Cuando escogen una opción, piensan por sí mismos y toman sus propias decisiones se les queda la lección. 

¿Quieres cargar el saco o te lo quieres poner?

¿Te quieres poner los zapatos aquí o en carro?

¿Prefieres jugar calmadamente frente al televisor o hacer bulla afuera?

Los chicos pelean contra las órdenes y la diferencia ente órdenes y palabras para pensar es sutil. Si perciben que los padres están tomando más control, se pondrán a prueba a sí mismos para ver si pueden ganar de vuelta el control que les parece que están perdiendo. 

El ciclo de las amenazas

La tentación de usar amenazas es muy grande porque queremos con desesperación asaltar a nuestros hijos con órdenes fuertes, amenazas y palabras ofensivas para controlar su comportamiento, que nos hagan caso y someterlos a los límites que queremos imponerles. En otras palabras, cuando amenazamos no nos sentimos débiles. De otro modo nos sentimos como si tuviéramos que rogarles, y negociar con nuestros niños. Y las amenazas a veces funcionan... Pero no a largo plazo. 

Algunos chicos responden a las amenazas; otros, no. Sin embargo, aunque hagan lo que les decimos, lo harán enojados con la persona que les dio la orden. También pueda que cumplan la orden pero a medias, simplemente para retomar algo del control que sienten que están perdiendo. Así, de todos modos, están quebrando el límite que les hemos puesto.  La meta es usar palabras parar pensar y declaraciones que podamos hacer cumplir. 

Comportamiento pasivo agresivo

Cuando les pedimos a los chicos que hagan algo que no les gusta, con frecuencia responden con un comportamiento pasivo agresivo. Saben que tienen que cumplir con la orden para evitar el castigo, así que canalizan su ira de tal manera que les fastidie a los padres. Buscan que el fastidio sea tal que la próxima vez los padres lo piensen dos veces ants de darle la orden de nuevo.

El libro usa el jmplo de una niña que no quería lavar los platos, por eso se demoraba hasta que se hacía muy tarde en la noche, y estaba a las carreras en la mañana. Cuando la mamá finalmente daba el ultimátum, la chica empezaba a lavar los platos, pero "accidentalmente" se le rompía un vaso, y así se desquitaba de su mamá.   El mensaje de la chica con su comportamiento era: "Piénsalo dos veces antes de pedirme que lave los platos de nuevo,"

Comportamiento de resistencia pasiva 

Esto quiere decir que los chicos se resisten a cumplir las órdenes pero no se lo dic a sus padres. Se resisten por medio de su comportamiento, no con palabras. Por ejemplo, cuando el padre le dice que haga algo, el chico se hace el olvidadizo. La actitud de fondo es: "Lo hago pero a mi manera y en mi tiempo". La señal de que esto está pasando es que,os padres se frustran. Uno puede frustrarse por muchas cosas, pero siempre que haya chicos que practiquen la resistencia pasiva, los padres experimentarán mucha frustración. 

Es mejor pensar que pelear

Las palabras para pelear invitan a desobedecer. Realmente desafían al chico. Lo que estamos haciendo es pintando una raya en el piso y desafiando al chico a cruzarla. Las palabras para pelear incluyen tres tipos de órdenes:

Decirle a los chicos qué hacer, “Cortas el pasto (la yarda) ahora mismo.”

Decirlo a los chicos que no les está permitido, “¡No me vuelvas a hablar de esa manera!”

Decirle a los chicos lo que no les vamos a permitir, “No vas a salir de la casa hasta que limpies tu cuarto.” 

Cuando les damos órdenes con frecuencia estamos desafiando a los chicos a pelear y a menudo son combates que no podemos ganar. ¿Porqué mejor no usamos palabras que no invitan a pelear? Los límites se pueden establecer mejor cuando no estamos peleando con los chicos. Está clínicamente comprobado que los chicos no pueden pelear con nosotros y pensar a la vez. 

Los padres que quieren usar la disciplina del amor y la lógica usan palabras que hacen pensar y declaraciones que se pueden implementar. Por ejemplo:

Lo que vamos a permitir: “Ven a comer con tan pronto como termines de cortar la yarda.”

Lo que haremos: “Con gusto te leeré la historia tan pronto termines el baño.”

Lo que proveeremos: “Puedes comerte lo que te hemos servido o esperar a ver si la próxima comida te gusta más.” 

La palabra que más provoca a pelear es “no”. Se ha calculado que con niños de dos años los padres usan la palabra mpas de las tres cuartas partes del tiempo. Los chicos se cansan de oírla. La regla es que uses “no” lo menos que puedas. Por otra parte usa “sí” lo más que puedas. Por ejemplo: “Sí, puedes ver televisión tan pronto como acabes de lavar los platos” 

Usando palabras para pensar podemos establecer límites sin darles órdenes a los chicos. Por ejemplo, si quieres que poden el pasto podemos establecer la opción de cortar el pasto y comer la comida de turno, o no cortar el paso y no comer la comida de turno. En el mundo real, si no trabajamos, no comemos. Les estamos dando a nuestros hijos la opción de tomar sus propias decisiones. No hay necesidad de enojarse por ello. Nadie los está obligando a nada. Ellos están tomando sus propias decisiones.  

“Sí” siempre suena mejor que “no”, siempre y cuando estemos sanos y no nos divierta controlar a los demás. Eduquemos a nuestros hijos en el arte de tomar decisiones sabias desde temprano. Ejemplo:

Hijo: “¿Me puedes comprar  _______?” 

Padre: “Hijo, si alguien se merece tener ________, eres tú. !Cómpratelo!”

Hijo: “No tengo dinero.”

Padre: Cuanto lo siento. A mí me pasa esto todo el tiempo. Parece que no vamos a poder comprar hoy.”

Dí lo que quieres decir y lo que quieres decir dilo

Los chicos querrán todo el tiempo probar sus límites. De hecho es necesario que los prueben para que se cuenta de qué tan firmes son. Es importante para ellos saber si lo que les dijiste es verdaderamente lo que querías decirles. 

Algunos procuraran probar los límites con ira o culpa, otros se harán los olvidadizos. Se quejaran, tratarán de negociar, lloriquearán, saldrán corriendo para su cuarto, tratarán de ser respondones y muchas cosas más. Hacerlo sentir a uno culpable es uno de los trucos más efectivos. 

A los chicos no les gustan los métodos de la disciplina con amor y lógica. Preferirán los métodos antiguos que ya conocen y trataran de volver atrás cada vez que puedan. El límite es la opción del chico. Claro que les dará hambre si deciden esperar hasta la próxima comida, porque no quieren cortar el pasto. Pero el hambre es una consecuencia natural de sus decisiones. Si no quieres trabajar, tampoco comes. 

Si cedemos a la hora de imponer los límites, destruimos el sentido y la lección de las consecuencias. Estaremos estableciendo un límite que fácilmente se desmorona. Si nos enojamos por la decisión que tomaron y si les decimos luego: “te lo dije”, también estaremos ofreciendo un límite débil y arbitrario, y los chicos tendrán razones para enojarse con sus padres y no con ellos mismos. 

Los ingredientes para establecer límites saludables con nuestros hijos son: Usar palabras para pensar, ofrecer opciones, y no hacer despliegues de ira.

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• ¿Cómo uso los principios de «El arte de ser padres con amor y lógica» esta semana que pasó? ¿Les está dando opciones positivas o simplemente los estás obligando a hacer las cosas?A

• ¿Cómo puede poner límites sin simplemente decirles qué hacer? 

• Los limites son buenos. Los psicólogos han observado que los chicos juegan con más seguridad en un patio cerrado que en uno abierto. ¿Cómo le dices al chico que no corra hacia la calle? ¿Que no bote la comida? ¿Qué limpie su cuarto?

• ¿Cuando no ponemos límites los chicos sufren de baja estima. 

• Excusar un mal comportamiento porque el niño ha tenido una mala experiencia puede ser ridículo y llevarse a extremos peligrosos. Uno puede decirle al chico cosas como: «Otras personas han podido sobrellevar esta situación. Estoy seguro que tú también podrás». Esto muestra que usted tiene confianza en su habilidad para superarse.

 

Palabras para pelear y palabras para pensar: 

• El chico le dice algo rudo a los padres.

◦ P/Pl—“Nunca me vuelva a responder en ese tono!”

◦ P/Pn—“Parece que estás enojado. Con mucho gusto te escucharé cuando tu tono de voz sea como el mio.”

• Dos chicos están peleando.

◦ P/Pl— “Sean amables uno con el otro. Dejen de pelear.”

◦ P/Pn—“Muchachos pueden volver a jugar tan pronto como resulvan su problema.Y”

• El chico no limpia su cuarto

◦ P/Pl—“¡Ve al cuarto y lo limpias ya!”

◦ P/Pn—“______________________________________”

• La chica está perdiendo tiempo en el restaurante.

◦ P/Pl—“Apúrate!”

◦ P/Pn—“____________________________”

• A la chica siempre le olvida el sado.

◦ P/Pl—“Te pones el saco o ya verás”

◦ P/Pn—“¿Quieres ponerte el saco o llevarlo en la mano?”

• El chico pospone cortar el cesped.

◦ P/Pl—“¡Te pones a trabajar en la yarda ahora mismo!”

◦ P/Pn—“Come con nosotros tan pronto termines la yarda.”

• El chico quiere salir a juar.

◦ P/Pl—“No, no puedes jugar ahora hasta que hayas terminado la lección.”

◦ P/Pn—“Sí, puedes ir a jugar tan pronto termines la lección. 

• El chico quiere ver televisión en vez de hacer los quehaceres.

◦ P/Pl—“No, no puedes ver televisión hasta que hayas hecho lo que te pedí.” 

◦ P/Pn—“Sí, puedes ver televisión tan pronto termines tus quehaceres.”

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Resumen del capítulo 3 del libro «Ser padres con amor y lógica» por Foster Cline MD y Jim Fay.

Elaborado por: Dr. Bert Alexander
Traducido por: Henry Roncancio y Gladys Contreras

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Lección: Formato PDF

Cuaderno: Respuestas

Hay dos clases de niños en el mundo. Uno se despierta y se mira al espejo y dice: «Me gusta cómo me veo. Apuesto a que a otras personas también les gusto.» El otro se despierta y se mira al espejo y dice «Oh, no, mira qué horror, no me gusta lo que veo. Apuesto a que a otros tampoco les gusto.»

Los chicos con un concepto bajo de sí mismos:

  • Olvidan sus tareas
  • Abusan a otros niños
  • Discuten con los padres y los maestros
  • Roban
  • Se encierran en si mismos cuando las cosas salen mal
  • Son irresponsables al tomar decisiones

Los chicos con un buen concepto de sí mismos:

  • Tienen muchos amigos
  • Hacen sus tareas a tiempo
  • No se menten en muchos problemas en la escuela
  • Asumen responsabilidad en el transcurso de su vida 

EXISTE UNA RELACIÓN DIRECTA ENTRE EL LA ESTIMA PROPIA Y EL RENDIMIENTO EN LA ESCUELA, EL COMPORTAMIENTO EN EL EL HOGAR, O EN EL PATIO DE RECREO. Queremos darle a nuestros niños la posibilidad de desarrollar una estima propia positiva: con un amor lo suficientemente fuerte para permitirles que fracasen; con un amor lo suficientemente fuerte como para permitir que las consecuencias de sus acciones les enseñen responsabilidad, y con un amor lo suficientemente grande para celebrar con ellos sus triunfos. La estima propia de nuestros niños crecerá cada vez que sobrevivan por sus propios medios.  

“Soy lo que creo que tú crees que soy.”

Muchos padres no les dan a sus hijos la oportunidad de construir una imagen propia positiva porque se enfocan en las debilidades de los chicos. Cada vez que hablan con ellos es sobre lo malo que el niño está haciendo o lo que no puede hacer o terminar. El padre sermonea a niño constantemente acerca de estas casas negativas y perjudica su autoestima. Los padres que se concentran en los puntos fuertes del niño fomentan regularmente una responsabilidad creciente. En lugar de que los niños lleguen a ser lo que podrían ser o incluso lo que creen que podrían ser, se convierten en lo que ellos creen que nosotros pensamos que son. En otras palabras, a través de nuestras acciones, es cómo podemos fomentar y mostrar ejemplos, además de lo que les decimos a nuestros hijos para ayudarlos a formar su propia estima. Si les decimos cosas como: "Te lo he dicho mil veces…" les estamos diciendo en realidad: "Eres un tonto."

Cuando les damos ordenes, les enviamos mensajes que deterioran su estima propia, porque en realidad les estamos diciendo:

  • “No eres capaz de seguir sugerencias.”
  • “No eres capaz de resolver tus cosas por ti mismo.”
  • “Siempre otros tienen que decirte qué hacer.”

La mesa de tres patas para la construcción de la estima propia

El concepto que nuestros niños tienen de sí se podría comparar a una mesa de tres patas. Si alguna de las patas es débil, la mesa se ladea o se tambalea. Esta mesa se construye a través de los mensajes implícitos que damos, los cuales construyen o destruyen.  

Soporte Uno: Soy amado por la “gente mágica” en mi vida.

Todos queremos ser amados incondicionalmente. El amor genuino se debe demostrar, independientemente de sus logros, mas no de las acciones. Algunos padres incluso llegan a negar su amor a sus hijos como una forma de manipularlos a obedecer. Otras veces, los padres son tan estrictos que le dan la impresión a sus hijos de que no los «aguantan» o que no los amarán hasta que mejore su comportamiento. La interacción entre padres e hijos es mucho más importante que los éxitos del chico o sus fracasos. 

Soporte Dos: Tengo las destrezas necesarias para tener éxito.

Los padres deben reforzar constantemente la idea de que los chicos tienen las habilidades normales como cualquiera de su edad para tener éxito. Los niños necesitan saber que poseen las características y destrezas que necesitan para tener éxito. Estas habilidades se aprenden a través del buen ejemplo de los padres. Los padres que se centran en los resultados finales y no en el proceso de aprendizaje terminan criando niños con una imagen negativa de sus habilidades.

 Soporte Tres: Puedo hacerme cargo de mi vida.

Los niños que tienen esa «pequeña voz en su cabeza» diciéndole constantemente que sí son capaces tienen mucho más éxito. Aunque los niños nacen con un gran valor para asumir control de sus propias vidas y tomar las decisiones necesarias, no tienen mucha experiencia sobre la cual basar sus decisiones. Por eso toman toman muchas veces decisiones incorrectas y tienen que aprender con la experiencia y las consecuencias de la vida, cómo tomar mejores decisiones.

¿En qué se distinguen la adulación y el ánimo?

Todos los padres quieren que sus hijos a desarrollen una imagen positiva de sí solos, y todos los padres saben que para desarrollar una imagen positiva de sí, uno tiene que poder sentirse bien de sus logros. Sin embargo, los falsos elogios casi siempre conducen a la falta de respeto por sí mismo. Irónicamente, cuando los niños tienen una baja imagen de sí, alabarlos casi siempre causa que se porten mal. La alabanza no es mala del todo. El problema es que tiende a enfatizar la evaluación externa, la alegría de otros, y no siembra ningún pensamiento propio positivo real.  

Los niños podrán sacar más provecho tomando decisiones por sí mismos, incluso decisiones equivocadas, que las ventajas que puedan tener cuando los padres tomen las decisiones por ellos. Los niños sacan el máximo provecho de lo que logran hacer por sí mismos. Si no dejamos que nuestros niños luchan por obtener algo que desean, o resuelvan ellos mismos un problema que tengan, cuando las cosas se pongan difíciles más adelante en la vida, no se volverán persistentes y fuertes de repente, sino que van a sentirse derrotados al instante. Aprendemos más al luchar con las cosas difíciles que cuando otros nos resuelven todos nuestros problemas. El modelo para la construcción de la autoestima y la confianza en sí mismos es el siguiente:

  • El chico se arriesga y trata de hacer algo que cree que puede hacer.
  • Lucha en el proceso tratando de hacer lo que quiere para lograr sus objetivos.
  • Después de un tiempo logra lo que se propuso. 
  • Tiene la oportunidad de reflexionar sobre lo que hizo y decir: «¡Vean lo que hice!»

Al permitir que nuestros niños se abran camino a través de la los problemas difíciles según su edad, cuando sean jóvenes, estamos eatarán mejor preparados para enfrentar de manera efectiva las cosas verdaderamente difíciles en su camino.  

¡Si tú estás contento, ellos están contentos!

¿Te das cuenta que los niños aprenden casi todas las actividades interpersonales del ejemplo? ¡Nosotros somos sus modelos primarios como padres! La forma en que manejamos nuestras peleas, la frustración, la resolución de problemas, el llevarse bien con otras personas, el lenguaje, la postura. Todo lo aprenden observando a la gente grande en su vidas. La clave para ser un buen ejemplo es modelar siempre un comportamiento responsable, adulto, sano, teniendo buen cuidado de mí mismo, personalmente. Queremos sentirnos bien y queremos que nuestros niños se sientan bien, y así vamos a modelar el cuidado de nosotros mismos de una manera agradable y saludable.

Queremos hacer cosas por nuestros hijos, pero es una calle de dos vías. Nos unimos a sus actividades porque queremos estar con ellos. Deseamos que sobresalgan en algo para lo cual tienen pasión, pero esto también se refleja en nosotros positivamente. Cuando se trata de una calle de un solo sentido, lo hacemos por ellos, sin que el niño no sienta ninguna necesidad de recompensar el padre o de realizar las cosas que agraden a los padres. El niño toma y da a los padres. Con Amor y Lógica el padre podría decir: "Yo sé que quieres que participe en esta actividad en particular, pero últimamente mi las cosas que he estado haciendo por ti no me han traído ningún beneficio personal. Por lo tanto, voy a pasar esta vez." Este padre criará hijos respetuosos, que saben también cómo cuidar de sí mismos.

TAREA

  • Piensa en lo que has hecho la semana pasada al tratar a los chicos. ¿Has fomentado una estima propia saludable o pobre? ¿Los has criticado por no hacer las tareas o los has estimulado a hacerlas y los has reconocido cuando las han hecho?
  • Sabiendo que el desempeño de los chicos en la clase, la casa y el recreo está muy relacionado con el concepto que tienen de sí mismos ¿qué estás haciendo para que tus hijos se sientan competentes y positivos?
  • «Soy lo que creo que crees que soy.» ¿Qué imagen perciben sus hijos de usted? ¿Los alienta o se concentras en sus fallas y debilidades? Cuando les pide que hagan algo ¿reconoce sus esfuerzos o critica sus fallas?
  • ¿Qué mensajes está dándole a sus hijos? ¿Cómo estos mensajes están determinando lo que ellos son y pueden llegar a ser?
  • Los chicos no mejoran hasta que no estén convencidos, fuera de toda duda, de que son suficientemente valiosos para contar con nuestro amor incondicional. ¿Algunas veces tendrán sus hijos la impresión de que usted los querría más si fueran más aplicados, obedientes, inteligentes u ordenados? Recuerde que ellos necesitan que las «personas mágicas» en su vida los amen y los acepten en la familia incondicionalmente.
  • ¿Les afirma usted a sus hijos que tienen la habilidad para triunfar en la vida? Cuando nos enfocamos en los resultados en vez de en el proceso de aprendizaje podemos fomentar una imagen personal negativa en nuestros hijos. ¿Le sucede a veces que usted le quita tareas a sus hijos que ellos pueden hacer para hacerlas usted misma, porque usted quiere mejores y más rápidos resultados?
  • Los chicos que no han tenido la oportunidad de aprender a prueba y error tienen la tendencia de no saber cómo tomar decisiones y por consiguiente toman malas decisiones como adolescentes y adultos.
  • ¿Cuál es la diferencia entre el halago y la afirmación? El halago busca producir sentimientos positivos de afuera hacia adentro, la afirmación busca producir sentimientos positivos desde adentro de chico. La lisonja afirma cosas. La afirmación hace preguntas. V.g. «¡Qué buen trabajo hiciste!» en vez de ¿Qué piensas del trabajo que hiciste? ¿Cómo hiciste eso?. La adulación emite un juicio. La afirmación, no. 
  • Recuerda que los chicos aprenderán más tomando decisiones por sí mismos aunque cometan errores, que siguiendo al pie de la letra las decisiones que los padres tomen por ellos.
  • El proceso para la formación de una buena estima propia consiste en los siguientes pasos:
    • Los chicos toman el riesgo de hacer algo que es difícil o piensan que no pueden hacer.
    • Luchan un tiempo para hacer lo que se han propuesto hacer
    • Después de un tiempo logran realizar que que se propusieron
    • Tienen la oportunidad e reflexionar sobre sus logros y decir: «¡Mira lo que hice!»
  • Permita que sus hijos luchen tratando de lograr metas apropiadas para su edad y así estarán mejor preparados para luchar cuando vengan situaciones más difíciles.
  • Los chicos aprenden más del ejemplo y nosotros somos sus principales ejemplos. ¿Qué pueden ver ellos en usted? ¿Cómo resuelve los problemas, las frustraciones, el estrés, los pleitos o conflictos? ¿Cómo se lleva usted con los demás? ¿Que posturas adopta? ¿Se cuida a sí mismo y procura su propio bienestar y felicidad?
  • ¿Qué palabras o frenes negativas dicen sus hijos que son «una copia» de lo que usted dice? ¿Dice usted palabra ofensivas como «estúpido»? ¿Respeta usted a otras personas con autoridad? ¿Menosprecia usted a otras personas que tienen influencia sobre sus hijos tales como maestros, ayudantes, trabajadores sociales, etc.?
  • Durante esta semana encuentre pequeños detalles en la vida de sus hijos que usted pueda usar para hacerlos sentir bien. No los alabe, sino trate de estimularlos con preguntas como: «¿Cómo te sientes con los restados de tu trabajo? ¿Cómo descubriste la respuesta? ¿Cómo puedes colorear dentro de las líneas? ¿Cuál es tu próxima meta?»
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Criando Niños Responsables

Resumen del capítulo 2 del libro «Ser padres con amor y lógica» por Foster Cline MD y Jim Fay.

Elaborado por: Dr. Bert Alexander

Traducido por: Henry Roncancio y Gladys Contreras

Presentación Prezi: Haga clic aquí

Poll: Haga clic aquí

Lección: Formato pdf

Cuaderno: Las  Respuestas

Criando hijos responsables - video

Henry y yo (Bert Alexander) somos predicadores y hemos escuchado este pasaje toda la vida: a veces para alentar a los padres, pero más a menudo para regañarlos y hacerlos sentir culpables. ¿Qué opina usted sobre este proverbio famoso? Puede escribir sus comentarios en el muro de comentarios incluido en esta lección.

¿Cuáles son sus objetivos en la crianza de sus hijos?

  • ¡Hijos independientes en 18 años!
  • Hijos que tomen buenas decisiones las más de las veces.
  • Preparar a los hijos para salir a delante y desempeñarse bien en la vida.
  • Que los hijos pasen de la dependencia total a la independencia.

Algunas preguntas que debe considerar:

  • ¿Cómo enfrentarán los chicos las presiones de la vida?
  • ¿Qué decisiones harán cuando se enfrenten a situaciones difíciles?
  • ¿Cómo se van a portar cuando no estamos cerca de ellos la mayor parte del tiempo?
  • ¿Cómo hacer que sean responsables? ¿Basta con darles consejos y pláticas de responsabilidad?

Primero veamos algunos estilos de crianza ineficaces y luego veremos qué funciona mejor.

  • Los padres helicóptero: Estos son padres que piensan que el amor significa hacer que sus vidas giren alrededor de sus hijos. Gravitan sobre los chicos y van en su rescate en cuanto cuanto surge algún problema. Constantemente protegen al crío de cualquier carencia o consecuencia merecida. Estas son oportunidades para tener valiosas experiencias de crecimiento. Tan pronto los muchachos envían una señal de auxilio (SOS), los padres helicópteros, que están siempre listos flotando en la zona, aterrizan para proteger a sus niños de sus maestros, compañeros de juegos, y cualquier otra cosa que parezca hostil. Estos chicos no están preparados para los retos de la vida, porque sus padres les «robaron» muchas de sus significativas oportunidades de aprendizaje (ODA) en nombre del amor. Los padres helicóptero a menudo parecen padres modelo: cuando sus hijos sufren, ellos también, por eso es que se abalanzan a rescatar a sus hijos y evitar que se les impongan consecuencias desagradables. Traen tareas y almuerzos olvidados, terminan proyectos descuidados, etc. y no dejan que el niño se haga responsable de sus actos y decisiones. En el mundo real, las multas de tráfico, cuentas pendientes, impuestos y otras responsabilidades no simplemente desaparecen porque algún benefactor nos saca de apuros.
  • El padre helicóptero Turbo-Attack: Es igual que la anterior, pero estos padres vuelan con armas de fuego potente porque están obsesionados con el deseo de crear un mundo perfecto para sus hijos: un mundo libre de luchas, incomodidades, malestares y decepciones. El niño se prepara para la edad adulta con las mejores credenciales: altas calificaciones, actividades extracurriculares, premios y honores especiales. La actitud fundamental de estos padres es que vivimos en un mundo muy competitivo y que es necesario que los hijos tengan todas las ventajas y que cualquier error que cometan de niños o jóvenes no debe ser un obstáculo para su progreso en el futuro. Estos chicos viven de tal modo que todos sus errores van a a parar «bajo la alfombra», se hacen invisibles. Decir que el hijo una víctima es una maniobra favorita, diseñada para enviar el personal de la escuela y los trabajadores sociales a las «trincheras de protección». ¡Nadie quiere una demanda! Así los educadores responsables de los chicos seden y dejan pasar los errores. Los chicos, por su parte, aprenden a culpar a otros por su falta de éxito y no aprenden a ser personas que alcanzan sus metas a través del esfuerzo y determinación. La universidad o la empresa que reciba a uno de esos muchachos en el futuro no se dejará intimidar por la presión de los padres cuando el chico salga con un desempeño deficiente. Una imagen perfecta y expediente académico impecable son pobres sustitutos del carácter y logro que vienen de la lucha y la perseverancia.
  • Los Padres Sargento: Aunque estos padres aman a sus hijos, les piden que obedezcan las órdenes como su fueran reclutas y creen que entre más control mejor preparados estarán sus hijos a largo plazo. Las palabras de los padres sargento están llenas de humillaciones y «te lo dije». Si los niños no cumplen con una tarea, el Sargento hace que la terminen. Dada la oportunidad de pensar por sí mismos, a menudo estos niños a tomarán decisiones terribles para decepción de sus papás sargento. Lo que pasa es que nunca tuvieron que pensar por sí mismos, ya que siempre el padre pensó por ellos. Cuando estos niños se sean adolescentes, serán más susceptibles a la presión que la mayoría. ¿Por qué? Porque cuando eran niños y los «costos» de los errores eran poco, no se les permitió tomar sus propias decisiones, sino que siempre otro les dijo qué había que hacer. Así estos adolescentes siguen este mismo patrón dejando que otros dirijan su vida, pero esta vez la voz que escuchan es la de sus compañeros a amigos y no la de sus padres. Estos niños suelen ser seguidores porque nunca tuvieron la oportunidad de conducir.
  • Padres de las manos libres. Estos padres simplemente dejan que las cosas pasen. Poco se involucran en la vida de sus hijos. Suponen que los problemas se resuelven con el tiempo, que los sistemas educativos de la escuela o de la iglesia se ocuparán de preparar a los chicos para el futuro y se contentan con poner comida en la mesa y techo sobre la cabeza. Tal vez su interacción con los chicos se limita al juego y la diversión. Estos chicos no aprenden a establecer límites seguros y crecen con la carencia de un verdadero padre en la vida.

Los padres envían mensajes a sus hijos acerca de lo que ellos piensan que son capaces de hacer. Los padres helicóptero envían el siguiente mensaje: "Eres frágil y no puedes hacer nada sin mí." El mensaje del sargento es: "No puedes pensar por ti mismo, así que yo lo pensaré y decidiré por ti." Incluso si se observa cierto éxito con estos estilos al principio, cuando llegan a la adolescencia estos chicos se convierten en adolescentes de helicópteros o adolescentes de sargento que no pueden hacerle frente a las fuerzas externas, pensar por sí mismos, o manejar sus propios problemas. Los niños de sargento aprenderán a saludar como soldados, pero cuando crezcan, le levantarán el puño a sus padres ¡o el dedo de en medio!

Bueno, suficiente con los estilos de crianza ineficaces. Echemos un vistazo a un modelo más eficaz:

El Padre Consultor: A medida que los niños crecen, pasan de ser pensadores concretos a ser pensadores abstractos cuando llegan a ser adolescentes. En este proceso, los niños necesitan orientación reflexiva y firme, con límites claros y factibles (es decir que se puedan cumplir y hacer cumplir). Estos límites se basan en la seguridad del niño y en cómo el comportamiento del niño afecta a otros. Estos límites son muy importantes para que los niños aprendan a hacerse responsables de sus propios actos y a afrontar consecuencias razonables por acciones no apropiadas. Con el fin de ayudar a los niños a aprender a usar correctamente el control dentro de los límites dados, se les ofrecen para que ellos puedan decidir por sí mismos. Los padres consultores les hacen preguntas a sus chicos y les proponen opciones claras en lugar de decirles o mandarles lo que deben hacer. Así ponen la carga de tomar decisiones sobre los hombros de sus pequeños. Le permiten al niño a optar por ciertas decisiones dentro de límites sanos y claramente demarcados.

Notas finales

No hay nada en la crianza que sea seguro. Podemos hacer todas las cosas correctas y aún así no tener exitoso que nos gustaría como padres. Sin embargo, estos principios, como el pasaje de Proverbios al principio de la lección, son casi siempre efectivos. Funcionan bien las más de las veces. Aumentamos nuestras posibilidades de criar hijos responsables si los ayudamos a tomar riesgos bien pensados. Hacemos esto cuando permitimos que fallen. Hay que permitirles el fracaso para que puedan elegir el éxito. Los padres que tratan de asegurar el éxito de sus hijos a toda costa y a todo momento a menudo terminan fracasando. 

El costo de aprender a vivir aumenta cada día a medida que los hijos crecen. Los niños pequeños pueden cometer muchos errores cuyos precios son asequibles. Cuando son pequeños es fácil levantarse y volver a intentarlo si las cosas no salen bien. Por ejemplo, puedes decirle a un pequeño, "¿te gustaría ir en el coche con los pies en la tierra o en el aire?" O puedes decirle: "Quieres recoger los juguetes o pagarle a otra persona para que los recoja." Estos precios son asequibles, pero algunos padres no están dispuestos a cooperar en este programa. Pero hay que tener en cuenta que el costo de permitir que la naturaleza discipline a un niño «sabelotodo» a los cinco años no es tan alto como cuando tiene los quince.

Es cierto que es doloroso ver a los niños aprender a través de las consecuencias naturales de sus actos o, dicho de otra manera, importantes oportunidades de aprendizaje (ODA). Sin embargo, ese dolor es parte del precio que debemos pagar por educar hijos responsables. LAa verdad es que «pagarás ahora o pagarás después». Podemos sufrir un poco mientras aprenden las lecciones tempranas de la vida o nos dolerá mucho, cuando tengan que aprender más tarde siendo personas que no pueden cuidarse a sí mismas. Protección absoluta no es lo mismo que cuidado. Dios te ama lo suficiente para cuidarte, pero su amor no te garantiza que nunca te va a pasar nada malo hagas lo que hagas.

  • Cuidar a nuestros hijos no es lo mismo que protegerlos de cada paso en falso que den. A medida que crecen, los padres deben hacer una suave y gradual transición y ser más y más amplios con darles el privilegio de resolver sus propios problemas. Por ejemplo un grupo de niños están aprendiendo a patinar sobre hielo. El primer niño se cae y mamá acongojada le pregunta: «¿Te duele algo, mi hijo?» El niño reflexiona: «¡Ahora que lo pienso bien, creo que estoy muy mal herido!» En cambio, si la madre le dice «¡ARRIBA, mi hijo!», el chico minimiza el efecto de la caída y lo sigue intentando.
  • La responsabilidad no se puede enseñar con palabras, el niño tiene que adquirirla en la práctica. Para que los niños adquieran la responsabilidad, debemos darles oportunidades para practicar responsabilidad. El mensaje que usted intenta transmitir es: «Estoy seguro de que recordarás por tu propia cuenta, pero si no lo haces que aprenderás mucho de tu experiencia».

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  1. Tómate un tiempo para pensar tu estilo de ser padre. ¿Eres un papá «helicóptero»? ¿Una mamá «super helicóptero de ataque»? ¿Un padre sargento? ¿Estás siempre listo para resolver cualquier conflicto en que se metan tus hijos? ¿Les traes a la escuela las cosas que se les olvidan? ¿Gravitas sobre tus hijos y te haces responsable por las responsabilidades de ellos? ¿Actúas cómo si tus hijos fueran incapaces de tomar decisiones?
  2. ¿Dejas que los chicos hagan lo que quieran? ¿Tienes la tendencia a confundir «tiempo de calidad» con «cantidad de tiempo»?
  3. ¿Les haces preguntas a tus hijos y les ofreces opciones o simplemente les dices qué decir (lo cual pone todo el peso de la responsabilidad sobre tus hombros)?
  4. ¿Estás dispuesto a dejar que tus hijos fracasen en cosas pequeñas para que aprendan a no fracasar en las cosas más grandes?
  5. Nada es garantizado. Hay que darle a los hijos la oportunidad de fallas, para que aprendan de sus fallas y aprecien el éxito.
  6. Cuidar a los hijos no significa protegerlos de todos los pasos en falso que puedan dar durante su crecimiento.
  7. Una oportunidad significativa de aprendizaje es cuando dejamos que los hijos sufran las consecuencias de sus malas decisiones. Si no dejamos que los niños «paguen» por sus errores, no aprenderán la lección y tendrán que aprenderla cuando sean adultos.
  8. Practica lo siguiente con tus hijos:
    • Cuando los niños se porten desafiantes dales dos opciones, con las cuales tu estés satisfecha, Por ejemplo: «Tomás, ¿quieres sacar la basura antes o después de cenar?»
    • Si tienes que pedirles a los hijos más de dos veces que hagan algo, ¿estás dispuesto a quitarles un privilegio para ayudarles a aprender? Por ejemplo:  «Siento mucho, pero no podrás ir a la práctica de fútbol hoy. Tenías que sacar la basura antes o después de cenar y no lo hiciste. Pero no te preocupes. Ya tendrás oportunidad de practicar en el futuro.»
    • Vamos a servir la comida en diez minutos. Nos gustaría que comas con nosotros. Si no, habrá que esperar hasta mañana al desayuno.»
    • «Siento mucho que no trajiste el libro para el proyecto que tienes que entregar mañana. Espero que no tengas muchos problemas mañana.»
    • Vamos a comer carne y frijolitos para la cena. No voy a calentar la pizza congelada, porque la carne y los frijolitos son saludables y nutritivos. Vamos a extrañar que cenes con nosotros, pero estoy segura de que te va a gustar el desayuno mañana.
    • «Debes tener mucho frio porque no trajiste suéter. Yo también he tenido frío. Espero que no estemos afuera mucho tiempo.»
    • «Vamos a salir del McDonalds en diez minutos. Espero que disfrutes tu «happy meal» porque no vamos a comen hasta la cena (o el desayuno).
    • Es hora de dormir. ¿Te quieres poner la pijama primero o te quieres lavar los dientes?

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