padres (7)

EMPECEMOS TRAZANDO METAS

Es importante que los padres pensemos en los “peldaños” que nuestros hijos deben escalar a medida que crecen. Queremos ayudarlos con nuestros programas de crianza para que logren  alcanzar adecuadamente cada meta importante para ellos durante las diversas etapas de su desarrollo. Mientras crecen hay siete aptitudes cruciales que tienen que aprender: 

  1. Valorarse a sí mismos 
  2. Cuidar de su espíritu 
  3. Cuidar de su salud 
  4. Ser solidarios 
  5. Ser creativos 
  6. Ser felices 
  7. Descubrir sus talentos. 

Para que los padres puedan establecer un proyecto de crianza y formación de sus hijos hemos elaborado una lista de metas clasificadas según las etapas de desarrollo del niño y diversos aspectos de su desarrollo tales como:

  1. Estima Propia
  2. Habilidades Interpersonales
  3. Independencia
  4. Cuidado de sí mismo
  5. Responsabilidad en el hogar
  6. Espiritualidad
  7. Aprendizaje o desarrollo cognitivo

Vea la lista de metas en el documento pdf a continuación y vea también los videos abajo.

EMPECEMOS TRAZANDO METAS (DocumentoPDF)

La estimulación temprana y el desarrollo del cerebro

Impulso Nervioso y Sinopsis

 Adquisición y Desarrollo del Lenguaje en la Infancia

Read more…

¿Cómo establecer límites?

En su video de 15 minutos Michael Woods M.A. propone claramente las bases para establecer límites firmes y saludables con nuestros hijos. Los límites son reglas que controlan el comportamiento. ¿Qué se puede y qué no se puede hacer? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? El problema es que en la edad temprana, cuando aprendemos el valor, la firmeza y la necesidad de los límites, no tenemos la capacidad mental para entender conceptos abstractos. Según Jean Piaget, «el razonamiento y el aprendizaje de los niños es cualitativamente diferente al de los adultos. Los niños piensan y aprenden cosas concretas. En ellos la experiencia directa juega un papel mucho más significativo en su comprensión de la realidad.» Esto quiere decir que los niños basan sus creencias, percepciones y pensamientos sobre lo que es y lo que pasa en su hogar o en su escuela en sus experiencias cotidianas concretas. Los adultos, por el contrario, oímos o leemos y razonamos para entender qué pasa a nuestro alrededor y cómo son las cosas. Así, pues, si uno le dice a un niño que no juegue con el bate en la sala de la casa, pero él sigue jugando y no pasa nada, ¿qué aprende el niño respecto a esta regla? Obvio: Que está bien jugar con el bate en la sala, pese a lo que los papás le digan. Sin embargo, si cada vez que no cumple la regla, o traspasa el límite impuesto, le quitan el bate por el resto del día, probablemente pronto aprenderá que la regla quiere decir exactamente lo que dice, porque él ahora tiene un experiencia concreta sobre lo que significa la regla.

Cuando establecemos límites usamos palabras y acciones. Ambas cosas comunican un mensaje sobre cómo son las cosas en la casa, la escuela, el vecindario, en el parque o el supermercado. Pero únicamente las acciones son concretas y, por consiguiente, para los niños son las acciones las que definen las reglas. Los niños probarán los límites. Ellos quieren saber qué tan reales son las reglas y que tan lejos pueden ir. Unos niños son más voluntariosos que otros y querrán probar una y otra vez a ver si pueden hacer lo que en el momento quieren. Pero si los padres insisten consistentemente en las reglas y las acciones que les siguen, los chicos pronto se darán cuenta de que las cosas realmente son como los padres dicen.

¿Cómo estudian los niños la realidad? ¿Cómo llegan a darse cuenta de qué tanta autoridad tiene usted realmente? ¿Cómo saben si cuando usted dice una cosa realmente está seguro de ella? ¿Cómo se percatan de que sus acciones tienen consecuencias? Realmente no es a través de conferencias, lecturas o razonamientos. Seguramente, jamás van a venir a usted con una hoja y lápiz a hacerle estas preguntas. Lo que hacen es que prueban. Sienten el deseo de hacer algo que no está permitido o no quieren hacer algo que debe hacerse en un determinado momento y lugar y actúan para ver qué pasa. Es entonces cuando las acciones de los adultos tienen que comunicar el mensaje en una forma concreta y clara. 

¿Cómo pues podemos establecer límites que nuestros niños respeten? Para establecer límites efectivos los padres tenemos que lograr un balance de amor, respeto y firmeza. Lo podemos hacer recordando las siguientes pautas:

  1. Asegúrese de que sus mensajes son directos, claros, específicos y se enfocan en lo que usted quiere positivamente y no en la simple prohibición.  Por ejemplo, puede decirle al niño: «Prefiero que en la sala juegues con tus legos en vez del bate» 
  2. Provea dos opciones para que el niño escoja. Por ejemplo: «Prefieres jugar con tus legos en la sala o practicar con tu bate en el patio?»
  3. Establezca las consecuencias para que el niño asuma responsabilidad por sus actos. Por ejemplo: «Tendré que decomisarte el bate por el resto del día si sigues jugando con él en la sala.»

¿Cómo puede uno comunicar lecciones claras y positivas? Considere las siguientes pautas:

  1. No use palabras provocativas que inviten al chico a pelear con usted. No le diga: «¡Cómo eres de bruto! ¡No juegues con esa cosa adentro! ¿No ves que vas a romper algo?
  2. Sea breve. Recuerde que entre menos palabras use mejor será la lección.
  3. Controle su tono de voz. Usted no debe indicar que está asustado, ansioso, estresado o rabioso. Su tono de voz debe comunicar que usted es firme y está en control. Si los chicos perciben que usted está perdiendo el control, tendrán más ganas de probar sus límites y continuar en su lucha por el poder.
  4. Al establecer las opciones que el niño tiene, asegúrese de que siempre hay una tercera opción implícita. Usted decidirá, si ellos no lo hacen.
  5. Todas las veces que el niño ponga a prueba sus límites, asegúrese de que usted hace que la consecuencia se cumpla.

Vea también la lista de pasos para establecer límites.

Read more…

Dar el cerebro por muerto

Cambiar es difícil. Cuando lidiamos con nuestros hijos con frecuencia experimentamos diversos niveles de ansiedad, frustración, ira, temor y otras emociones que interfieren con nuestras buenas intenciones como padres. La ansiedad, por ejemplo, juega un papel muy importante cuando tememos que nuestros hijos sufran las consecuencias normales de sus acciones y estorbamos valiosas lecciones en su vida. La frustración puede hacer que reaccionemos con ira y acumulemos después culpabilidad. La culpabilidad nos puede llevar a romper los límites que hemos establecido y a crear incertidumbre en la mente de nuestros niños.

Una estrategia sencilla para neutralizar estos sentimientos es «dar el cerebro por muerto». Esto quiere decir que hay que aprender a responder rápido en cualquier circunstancia que provoque en nosotros estos sentimientos. Tan pronto nos demos cuenta de que nos están provocando, tenemos que dejar de pensar y mantener la calma.

Esta estrategia no es nueva. Hace mucho tiempo, los cristianos en el primer siglo la usaron efectivamente. Ellos pensaban que su bautismo era el punto a partir del cual estaban muertos a todos los sentimientos o deseos que los estorbaran para no lograr los objetivos de su nuevo compromiso (Romanos 6:11). Cuando se veían enfrentados a diversos y duros desafíos, so marco de pensamiento era: «Estoy muerto para cualquier cosa que me haga errar el blanco. Solo estoy vivo para Dios.»

Los padres modernos tenemos mucho que aprender de esto. Para nosotros, dar el cerebro por muerto puede ser algo así:

  1. Darse cuenta de que argumentar con un niño emocional es como razonar con un borracho. No sirve absolutamente para nada.
  2. Darse cuenta de que hay una estrecha conexión entre la parte pensante de nuestro cerebro y la parte del mismo que solo reacciona.
  3. Respirar profundamente unas tres veces para oxigenar bien todo el cerebro.
  4. Sentirse relajado o relajada. Tal vez usted tendrá que practicar la relajación de antemano para saber cómo se siente. Si usted es creyente, puede hacerlo mientras ora y se siente descansado en la presencia de Dios.
  5. Dejar de pensar. Si uno se pone a pensar en esos momentos, inmediatamente se conecta con la parte del cerebro que reacciona por encima de los pensamientos  y muy seguramente no responderá adecuadamente a la situación
  6. Si usted es un creyente, imagínese en la presencia de Dios en perfecta paz y tranquilidad.
  7. Con calma diga la frase ya planeada con anterioridad para lidiar efectivamente con la situación.

Gracias por leer este artículo. Sus preguntas y comentarios son bienvenidos.

Si usted entiende inglés puede ver el video “Going Brain Dead,” por Kerry Stutzman, MSW.

Read more…

Empatía con consecuencias

bc

Preparado por Dr. Bert Alexander

Traducción y Prezi por Henry Roncancio

Lección en formato PDF: Haga Clic Aquí

Presentación Prezi

Cuaderno con respuestas

¿Qué harías en la siguiente situación? Imagínate que tienes un hijo que  se rehusa a irse a dormir a tiempo. Lo regañas y los amenazas, pero entre más lo presionas más se demora para irse a la cama. Sabes que necesita dormir. Sabes que si no duerme lo suficiente, no podrá desempeñarse bien al día siguiente. Pero aún a pesar de todos los regaños, que has dado sus nalgadas, que les has quitado privilegios, nada parece motivarlo a cumplir con tu deseo. 

He aquí una gran verdad. Te vas a sorprender. Uno no puede hacer que un niño se duerma. Que tal si le dices al chico: "Siento mucho que te he estado molestando todas las noches para que te acuestes temprano. En el futuro voy a cambiar. Tú serás responsable de la hora en que te vas a dormir. Habrá reglas, sin embargo. La primera es que después de las ocho y media nosotros no queremos que nos molestes. No queremos verte o escucharte, pero puedes permanecer despierto en tu cuarto. La segunda regla es que todos en la casa deberán estar levantados a las seis de la mañana y no habrá excepciones." A la hora convenida, si el chico está despierto, dile buenas noches y retírense del cuarto del muchacho usted y su esposo. 

A la mañana siguiente, ve al cuarto del chicho y despiértalo. Te darás cuenta de que  es más fácil despertar un chico que hacerlo dormir. Simplemente tienes que prender el radio a todo volumen y no requiere ningún esfuerzo. Prende las luces y has todo el ruido que puedas. Lo más seguro es que el chico te diga que está enfermo, que tiene dolor de cabeza o que le duele el estómago. Simplemente ignora sus quejas. Dile: "¿Sabes? Yo también me siento así cuando no duermo lo suficiente. Presiento que este va a ser un día pesado para ti en la escuela hoy. Échale y nos vemos estar tarde cuando vengas de estudiar." Como te darás cuenta, es mucho más fácil hacer que los chicos vivan las consecuencias de sus propias acciones que amenazarlos o castigarlos. 

Lo que duele de adentro hacia afuera

Se dice el poder corrompe y que el poder total corrompe por completo. Con esto en mente debemos recordar que al darles control a nuestros hijos ese control puede traer problemas. Cuando los chicos usan mal el poder que se les da los padres no sabios se frustran y muestran ira, a veces terminan rogando a la chica que les preste atención. Los padres sabios dejan que las consecuencias naturales o impuestas enseñen la lección, y desarrollan empatía hacia sus hijos. El control y el poder se manejan como el dinero. Nos da gusto cuando los chicos usan su poder y control apropiadamente, pero muestran empatía sin ir inmediatamente al rescate cuando toman malas decisiones y que resultan en consternación, dolor y remordimiento. 

Como adultos nadie nos manda a nuestro cuarto cuando cometemos errores, nadie nos lava la boca con jabón si decimos malas palabras. En la vida real no hay castigos a menos que se cometa un crimen. Cuando se castiga a los niños, raras veces se detienen a examinarse a sí mismos. La reacción más común es el resentimiento. Cuando mandamos a los chicos a la cama porque nos fastidiaron, estamos imponiendo un castigo. Si traen malas calificaciones  y les quitamos el privilegio de ver televisión no estamos dejando que las consecuencias les enseñen la lección. 

El mucho real funciona con consecuencias. ¿Cuándo fue la última vez que lograste convencer a un policía que no te diera infracción por velocidad? Si no hacemos buen trabajo, nos botan del trabajo. Los castigos usualmente sirven como un válvula de escape para que los chicos no enfrenten las consecuencias de sus acciones. No ven la necesidad de cambiar su conducta. Simplemente cumplen con el castigo, sin reflexionar. Se sienten enojados contra los que les impusieron el castigo, en vez de hacerlo contra ellos mismos, que fueron los que tomaron la decisión equivocada. Lo que buscamos es que los chicos sientan el efecto de sus decisiones desde adentro de su conciencia y corazón:

• Dejamos que las consecuencias les enseñen las lecciones. 

• Las consecuencias hacen que los chicos piensen en serio acerca de su comportamiento y sus decisiones. 

• Las consecuencias hacen que uno se examine a sí mismo y que reflexione. 

Consecuencias naturales

Las mejores consecuencias son aquellas que ocurren naturalmente. Las consecuencias naturales graban las lecciones vitales en el cerebro de los chicos. Cuando se preguntan a sí mismos: "¿Porqué me está pasando esto?" La única respuesta es:  "Por mis malas decisiones". Por ejemplo, si un chico se pone a jugar no come, sentirá hambre después; si no hace sus tareas ni estudia, se quedará atrasado en la escuela y sacará malas notas. 

Estas son las cosas que le causan mucha molestia a los padres. Pero si permitimos que las consecuencias tomen su curso normal, no nos empeñemos después en recriminar al chico con cosas como: "Te lo dije". Si el chico es lento para alistarse para ir a la escuela, ¡Que pase por la consecuencia de no poder ir a la escuela un día! Pero ese día no podrá hacer nada entretenido, ni ver televisión, ni jugar con electrónicos. Deberá permanecer en su cuarto. Usted como padre no podrá escribir una excusa para la escuela. El chico deberá sufrir las consecuencias.  Sin la compañía de sus amigos y sin la atención de los padres, no tardará en sentir el aburrimiento y el tedio.

Consecuencias impuestas

Si bien es cierto que las consecuencias naturales son las mejores, a veces las decisiones de los muchachos no implican consecuencias adversas. En estos casos los padres tenemos que imponer las consecuencias. Esto es un arte. A veces los padres imponemos consecuencias que son irrelevantes, o demasiado severas o demasiado leves. Cuando es necesario imponer consecuencias, debes pensarlas bien y tener en cuenta lo siguiente:

• Tienen que poderse cumplir.

• Tienen que se a la medida del "crimen".

• Tienen que establecerse con firmeza y amor. 

Cuando le presentamos las consecuencias a nuestros hijos sin ira ni amenazas y lo hacemos de una manera en que la conexión entre el comportamiento y la consecuencia es clara, las consecuencias regularmente son efectivas. Para que los chicos aprendan mejor la lección y sientan que estamos de su lado, debemos mostrar empatía. A continuación están algunos ejemplos:

• No digas: “¡Claro que tienes hambre! ¡Apuesto a que no vas a volver a pasar una comida!” Di más bien: “Sé como te sientes, A mí me da hambre cuando no como, pero vamos a preparar un desayuno grande mañana.”

• No digas: “¡Te dije que ibas a estar cansada si no te acostabas temprano! Ahora vas a tener que sufrir todo el día en la escuela.” Di más bien: “Yo me siento igual en mi trabajo cuando no duermo lo suficiente, pero échale ganas y haz lo mejor que puedas hoy.”

• No digas: “No haces las tareas, por eso traes bajas calificaciones. Eso debería enseñarte una lección." Di más bien: "Cuando yo iba a la escuela también sacaba malas calificaciones cada  vez que no me aplicaba a estudiar, pero lo bueno es que siempre hay otro año para corregir el problema, o la escuela de verano.” 

Las consecuencias no tienen que ser inmediatas

Las consecuencias no tienen que suceder en el instante de la falta para ser efectivas. Algunas veces son más efectivas cuando la chica cree que ya se salió con su mal comportamiento. Imagina que tus chicos pequeños molestan y pelean todo el camino rumbo a la tienda y en vez de regañarlos ahí mismo esperas hasta la próxima vez que se ofrezca ir a la tienda y les dices: "La última vez que fuimos a la tienda ustedes decidieron no comportarse correctamente. Por eso esta vez, se van a quedar en casa. Pueden pagarme por la joven que los va a cuidar el próximo fin de semana o si prefieren lo descontamos del dinero que reciben semanalmente para sus gastos personales. Escojan ustedes. "Ahora les toca ponerse a pensar: ¿Cómo le vamos a pagar a mamá? ¿Cómo vamos a hacer para que mamá nos lleve con ella la próxima vez? ¿Cómo voy a llevarme bien con mi hermano?” Esta consecuencia que la madre ha impuesto es realizable. Si el muchacho llega tarde a la casa una noche. Usted puede decir: "¿Te acuerdas cuando llegaste tarde la otra noche? No quiero estar preocupado esta noche. Así que no vas a salir hoy. Puedes ver televisión o ponerte a jugar. Hablaremos de eso la próxima vez que quieras salir." La consecuencia está ligada a la responsabilidad del chico para regresar a tiempo de la casa de su vecino. 

Las buenas consecuencias no siempre se nos ocurren inmediatamente. Este es otro motivo por el cual a veces esperarse para imponer una buena consecuencia es lo que mejor que se puede hacer. Nos da tiempo para escoger la mejor idea o incluso para preguntarle a otros. Si no se te ocurre nada el momento es mejor tomar tiempo para pensar en una consecuencia lógica y apropiada que arremeter con lo primero que se nos ocurra en medio de la ofuscación. Los siguientes son algunos ejemplos de lo que podemos decir cuando no se nos ocurre nada en el momento:

• “No estoy muy seguro de lo que debo hacer respecto a esto, pero te diré más tarde.”

• “Sabes... nunca he sido madre de un chico de _____ años antes. Por eso tendré qué pensar un poco sobre esto y volveré a hablar contigo luego.”

• “No estoy seguro sobre cómo reaccionar frente a esto. Pensaré un poco. Entre tanto procura no preocuparte demasiado.”

'Tomarse un tiempo para pensar en las consecuencias que puede imponer también le ayuda a los chicos. Ellos  también tendrán tiempo para "agonizar" sobre la consecuencia que usted les impondrá y eso es tiempo de calidad para pensar.

Lo que cuenta es la empatía

Lo que más fuertemente grabará las lecciones en el corazón de nuestros hijos es la empatía y la comprensión. Nuestro amor por ellos dirige todas nuestras decisiones, y la relación entre nosotros y ellos es primordial en nuestra mente. Cuando nuestros chicos cometen errores, lo sentimos de verdad por ellos. Sabemos lo que es cometer errores y afrontar las consecuencias, y se lo decimos con sinceridad. Es crucial que les expresemos nuestros sentimientos.Podemos decir cosas como:

• “Sé quien eres y estoy seguro que saldrás con una buena solución ha este problema.”

• “Eso suena terrible ¿Cómo lo vas a resolver?”

• “Ah, ¡Qué terrible! Gracias a Dios no me toca a mi _______. Debes sentirte bastante mal. ¿Hay algo que pueda hacer por ti?”

• “¿Cómo se están resolviendo las cosas por tu lado?”

• “Huy, ¡Qué problema! Dime cómo piensas solucionarlo.”

Al usar este tipo de palabras no nos ponemos a pelear con nuestros hijos. Al contrario, nos ponemos de su lado. Necesitan saber que vamos a estar a su lado durante todo el proceso, pero que no les quitaremos la responsabilidad que les corresponde. Acuérdate. Cuando no se te ocurra nada más que decir, pásale el problema al chico. Pregúntale: "¿Qué vas a hacer al respecto?”

Dejar que los chicos sufran sus consecuencias es una de las cosas más difíciles cuando tratamos de ser padres con amor y lógica. La ira es una emoción que nos llama mucho la atención. Castigar a nuestros hijos nos hace sentirnos poderosos y en control. Cuando se juntan la ira y el castigo, surge un peligroso duo que puede traer consecuencias muy contraproducentes para la relación entre padres e hijos y para la formación de los chicos. 

Constantemente estamos transmitiéndoles mensajes a nuestros hijos. Pero el mensaje fundamental que debemos transmitirles es que ellos están bien. Puede que estén pasando un momento difícil, que hagan errores y que tengan que sufrir las consecuencias, pero nosotros los estamos acompañando y los amamos igual que siempre. La empatía durante las consecuencias les muestra a nuestros hijos bondad y amor. Así la lógica de las consecuencias les enseña las lecciones.

Read more…

Cómo tener control dando opciones

Presentación: Prezi

Lección: Formato pdf

Cuestionario: Formato pdf

Cuaderno con respuestas

¿Qué siente cuando su hijo abiertamente te ignora? Todos esos sentimientos son asunto del control, y es normal que los padres queramos tener control de nuestros hijos. Queremos que hagan lo que queremos y en el momento en que lo queramos.  Con frecuencia los chicos se resisten con pasión y nos vemos de repente metidos en una lucha por el control de grandes proporciones.  Vea aquí un ejemplo un poco extremo. 

¿Qué debemos hacer cuando le pedimos a la chica varias veces que pase a comer y no lo hace? ¿Cómo crees que reaccionaría ella si simplemente vas a donde está y le susurras al oído: «Vamos a estar comiendo en la mesa por los próximos veinte minutos. Nos gustaría mucho que nos acompañaras porque nos encanta comer contigo. Ojalá te sientes con nosotros; pero si no, pues ya tendremos la oportunidad de nuevo mañana al desayuno.» 

El control es un fenómeno interesante: Entre más damos, más ganamos. Los padres que a toda costa quieren forzar su control sobre sus hijos (papás y mamás sargento) terminan perdiéndolo. Debemos establecer límites, pero luego debemos darle control a los chicos para que actúen dentro de dichos límites. Debemos permitir que los hijos ejerzan por sí mismos cierto control sobre su vida, para que aprendan responsabilidad e independencia. Pero no debemos darles más control del que pueden tener sin que con ello se volvían insoportables o pongan en riesgo su propia seguridad. El control representa poder, y los chicos siempre quieren más. 

¿Cuánto control debemos darles a nuestros hijos? Los psicólogos nos dicen que la gente compara el control que tienen solo en relación con el control que antes tenían, no con cierto control que suponen que deberían tener. Cuando las personas sienten que tienen más control del que antes tenían están satisfechas. Así que los chicos a quienes sus padres les van soltando poco a poco más control  generalmente se sienten satisfechos porque van teniendo más control que en el pasado. 

Empiece a darles control en pequeñas dosis cuando están chiquitos. Por ejemplo, cuando el niño está tomando un baño en la tina, le puedes preguntar: «¿Quieres salirte ya de la tina o quieres quedarte cinco minutos más? Nosotros no necesitamos control sobre esos cinco minutos y los niños necesitan sentir que tienen cierto control. Pero no debemos darles mucho control a una temprana edad, porque entonces se vuelven tiranos y pretenden controlar a sus padres con lloriqueos y pataletas. Lamentablemente esto los llevará a vivir una vida infeliz cuando sean mayores.

Ganando las batallas posibles por medio de opciones.

No podemos hacer que los bebés hablen en un instante, ni que coman cualquier cosa que les pongamos en frente, ni que usen el inodoro cuando lo necesiten. Simplemente les damos el ejemplo y les enseñamos.  Si constantemente estamos demandándoles cosas y dándoles órdenes, estaremos incitándolos a pelear y eventualmente vamos a perder. 

El secreto para establecer el control es concentrarnos en las batallas que sabemos que podemos ganar.  Esto significa que tenemos que escoger con cuidado nuestras batallas.  Debemos escoger aquellas áreas en las cuales tenemos control efectivo sobre nuestros hijos y ofrecerles opciones. No podemos obligar al chico a que coma en la mesa sin jugar con los platos, los cubiertos y la comida. Pero sí podemos controlar que esté o no sentado a la la mesa. No podemos obligar a la chica a que haga una tarea en en tiempo dado, sin hacer una pataleta; pero si podemos controlar el hecho de que coma tan pronto termine la tarea.  No podemos impedir que el chico grite o se porte irrespetuosamente, pero si podemos controlar el hecho de que lo haga en nuestra presencia. 

Las reglas para ganar las batallas sobre el control

  • Evite a toda costa las luchas de poder.
  • Si no hay más remedio que entrar en una batalla por el control, asegúrese de que usted va a ganar. 
  • Escoja el asunto con cuidado. Perdemos las batallas cuando no escogemos bien las áreas de control necesario.

Las batallas por el control se ganan dando opciones. Las opciones cambian completamente la estructura de las batallas por el control. Hacen posible que cedamos el control que no necesitamos y que logremos el control que realmente necesitamos. Cuando les damos opciones a los chicos, no existen demandas en contra de las cuales puedan reaccionar, y podemos establecer el control necesario. 

Una de las razones por las cuales las opciones tienen buenos resultados es porque forzan a los chicos a pensar. Ellos tienen que decidir. Las opciones ofrecen oportunidades para cometer errores y aprender de las consecuencias. Con cada mala elección que hagan ellos viene el castigo, no de nosotros, sino del mundo alrededor de ellos. Así los chicos no se enojan contra nosotros, sino contra ellos mismos. Darles opciones surte efecto porque así no tenemos que enfrentarnos en luchas de poder y fuerza contra nuestros hijos. Finalmente, darlos opciones es una forma de comunicarles a nuestros hijos que confiamos en su capacidad para decidir y aprender de sus propios errores, así se fortalece su estima propia y nuestra relación con ellos. Pero recordemos que sólo podemos darles opciones cuando estamos dispuestos a dejar que ellos enfrenten las consecuencias de tomar malas decisiones. 

Algunos chicos nacen con temperamentos que son menos dados a cooperar que otros. Otros niños, por la forma en que son criados, se van haciendo más y más desafiantes y tercos. Pero sin importar cuál sea el caso, si cambiamos un poco nuestra manera de hablar podemos lograr más cooperación de nuestros hijos, menos peleas, menos pataletas, menos gritos y castigos, menos rabias y más amor. 

No haga cosas que lo lleven a perder. ¿Qué pasa cuando una chica en clase mueve su silla para sentarse junto a otra compañera y la maestro le pide que regrese a su sitio? Puede desatarse una lucha que la maestra no puede ganar. El problema puede terminar con la niña saliendo del salón deshecha en llanto y la intervención de otros profesionales. Por otra parte la maestra puede decirle a la niña algo así como: «¿Podrías hacerme el favor de mover tu asiento de nuevo a su lugar? Si la niña no lo hace, la maestra podría decir: «¿Crees que no cooperar es una buena decisión cuando alguien te pide un favor de buena manera? Hablaremos acerca de esto al final de la clase».  Nadie ha perdido la batalla en este ejemplo. La chica no tiene la oportunidad de desafiar la autoridad de su maestra en frente a toda la clase, y si se necesita tomar alguna acción disciplinaria, puede hacerse en privado.

Este mismo principio lo pueden aplicar los padres. Los niños que se dan cuenta de que pueden desafiar a sus padres se vuelven más inseguros y quieren poner a prueba sus límites con más frecuencia. Cada vez que «se salen con la suya» su respeto por la autoridad de los padres merma. Los chicos que crecen guiados por los principios del amor y la lógica aprenden que cuando cooperan todos salen ganando.  

Los diálogos que estimulan el pensamiento y el mutuo respeto se parecen a lo siguiente:

  • «Te agradecería mucho si sacas la basura antes de acostarte.»
  • «Por favor, reposa en tu cuarto mientras te pasa la rabia.»
  • »¿Puedes venir, por favor.?»
  • »¿Podrías ayudar a tu hermana ahora? Te lo agradecería mucho.»

Piense en lo siguiente. ¿aprenden más los chicos sobre las consecuencias por experiencia propia o dándoles de lecciones al respecto?

Un ejemplo de cómo ganar batallas por control.

¿Qué harías en el siguiente caso? Mario de seis años está con sus padres en un comedero de hamburguesas. Los padres quieren llegar al centro comercial antes de que cierren las tiendas dentro de una hora. Los papás están comiéndose sus hamburguesas mientras que el pequeño Mario bombardea la suya con un avión de papa frita y haciendo globitos con la cocacola. «Apúrate con tu comida», le dice el papá, pero a Mario no le afana nada. El papá le dice a la mamá: «Haz algo con ese niño». Mario sigue sus entretenidos juegos como si nada pasara. El papá le dice: «Mario, te comes tu hamburguesa rápido o si no, verás lo que te va a pasar. Te vamos a dejar aquí solo, para que venga un policía y te lleve a la cárcel. ¿Es eso lo que quieres?» 

Mario, por su parte, seguramente piensa lo siguiente: «Tengo a estos dos adultos totalmente controlados y ni siquiera he abierto mi boca. ¡Qué poder! Controlo el tono de su voz, el color de su cara, y logro que hagan el ridículo delante de toda esta gente. Lo que menos me preocupa en este momento es que un policía me lleve a la cárcel.» 

Los papás de Mario cometieron un terrible error tratando de controlar qué iba a comer Mario y con qué velocidad. Si le hubieran dado opciones hubieran podido lograr el control que necesitaban. Por ejemplo, le hubieran podido decir: «Si quieres jugar con tus papas, no hay ningún problema. Saldremos de aquí en cinco minutos y puedes ir con nosotros satisfecho o con hambre.» Esto lo pueden decir en una forma amable y suave. No pueden hacer que Mario coma rápido, pero sí pueden controlar en cuánto tiempo parte el carro. El problema ahora es de Mario. «¿Me como la hamburguesa a tiempo o me quedo con hambre?»  

La mejor forma que tienen los chicos de controlar a los adultos es frustrándolos. Para un chico jugar a frustrar a un adulto representa un conjunto de emociones tentadoras y fantásticas. Los adultas se enojan cuando se frustran y pierden el control. ¡Nada más atractivo para los niños! Muchos de los chistes y las tiras cómicas de hoy se basan sobre adultos frustrados que pierden el control. Cuando los adultos se frustran dan muestras de fuertes emociones, usualmente ira, y admiten que no tienen control de la situación. La frustración casi siempre indica falta de control  El padre se pone rojo, hace ruido, se agita y le da el control al chico. ¿Qué niño no se entretiene con eso?

Al fin de los cinco minutos  El padre puede usar expresiones que incitan la pelea. Puede decir cosas como: «Ahora mismo te vas al carro.» «Ya deje eso ahí y nos vamos». Pero, en vez de esto, puede también usar palabras que incitan a pensar. «Ya pasaron cinco minutos. Nos vamos.» Mario entonces dice: «Pero yo no he terminado de comer». El padre dice: «Bueno, Mario, ¿quieres ir al carro caminando o quieres que te lleve cargado?» Probablemente el papá va a tener que llevar a Mario cargado y salir del restaurante con un niño gritando. No hay problema. El punto era que en cinco minutos tenían que salir. Al fin de cuentas, esa no sería la primera vez que la gente vería a un padre salir con un niño haciendo una pataleta de un restaurante. Parte de ser padre es lidiar con un niño difícil en un lugar público. 

Para que Mario puede aprender positivamente del incidente, los padres tienen que quedarse callados. Ahorrarse las palabras para algún otro momento mejor. La única oportunidad para razonar con un chico es cuando ambos están de buen humor. Cuando queremos forzar las lecciones sobre consecuencias con nuestros discursos, le restamos valor a lo que pueden aprender de la consecuencia misma. Deja que las consecuencias enseñen las lecciones. El papá simplemente lleva a Mario al carro y amablemente lo pone en su asiento sin decir nada. En algún momento más tarde Mario dirá: «Tengo hambre». El padre deberá evitar darle un discurso al niño sobre los comportamientos y sus circunstancias. Simplemente deberá decirle algo como: «Claro que tienes hambre, Lo siento. Eso me pasa a mí cuando no como. Creo que vas a tener muchas ganas de comerte el desayuno mañana ¿cierto?. No te preocupes. Habrá un buen desayuno». Las consecuencias y el remordimiento son mejores maestros que la ira y las amenazas. 

Escoja sus opciones con cuidado. Muchos padres comenten el error de proponer opciones para las cuales ellos no están listos. Algunas son absurdas. Por ejemplo: «Mario, o te terminas tu comida o te dejamos aquí solo.» Mario sabe bien que la segunda opción es absurda.

Los padres deben ofrecer opciones verdaderas, no amenazas.

  • ¿Quieres limpiar tu cuarto en la mañana o por la tarde?
  • ¿Quieres recoger tu juguetes o le quieres pagar a alguien para que los recoja?
  • ¿Quieres hacer tus oficios o usar tu dinero para que alguien más los haga por ti?
  • ¿Pueden resolver sus desacuerdos entre ustedes o echar suertes a ver quien se sienta en frente?

Las opciones que se proponen sin amenazas y calmadamente, permiten que los chicos tengan un poco de control sobre su vida, decisiones y problemas. 

Reglas para dar opciones

  • Siempre proponga opciones realistas, con las cuales usted puedas vivir. No proponga una opción que le disgusta, porque el chico generalmente escogerá precisamente esa. 
  • Nunca proponga opciones a menos que esté totalmente dispuesto a dejar que los chicos experimenten las consecuencias de sus elecciones.
  • Nunca proponga opciones que pongan en peligro al chico.

Siempre ofrezca dos opciones verbales, pero deja en claro que hay una tercera opción si el chico no decide por sí mismo. En tal caso usted decidirá por él.

La forma en que presente las opciones es importante. Empieza con cosas como:

  • Con gusto puedes  _____o_____.
  • Siéntente con libertad de _____o_____.
  • ¿Preferirias____ o____?
  • ¿Qué sería mejor para tí,_____ o______?

Tarea (Descargar la Tarea.pdf)

Hay tres reglas para ganar las batallas por el control.

  • Evite las peleas por el control a toda costa.
  • Si usted se mete en una pelea por el control, asegúrese de que ganará a toda costa.
  • Escoja sus batallas cuidadosamente. Si pierde una batalla es porque no escogió el asunto con cuidado. 

Observe lo que pasa en un día común y corriente. ¿Qué batallas puede evitar? ¿Sobre qué asuntos necesita en realidad tener control? ¿Qué puede hacer para asegurarse que gana la batalla?

Cuando haces algún requerimiento para pensar, debe ser algo así como:

  • “Te agradecería que saques la basura antes de cenar, gracias.”
  • Podrías irte a tu cuarto hasta que se te pase el coraje?  Gracias.”
  • “Hola, hazme el favor de venir. Gracias.”
  • “¿Serías tan amable y ayudarías a tu hermana ahora. Te lo agradeceré mucho.”

Practique haciendo algunos requerimientos de esta manera.

Practique la historia del chico que no quería comer en el restaurante. ¿Qué partes de la historia se asemejan a usted y sus hijos? ¿Acostumbra usted dar órdenes en vez de pedir por favor? ¿Es usted lo suficiente fuerte como para mantenerse fuerte y no acceder a lo que los muchachos quieren? ¿Cómo escogen ustedes sus batallas?

¿Recuerda alguna ocasión en la que usted le dio a sus hijos opciones que usted no estaba dispuesto a hacer cumplir? ¿Cuáles son algunos ejemplos de opciones que pueden poner en peligro a los chicos? Planee ofrecer a sus hijos opciones en las que esté implicado que usted tomará una decisión si ellos no lo hacen.

Read more…

asf

Presentación: Prezi

Lección: Formato pdf

Questionario: Preguntas.pdf

Cuaderno: Respuestas

Criar hijos con amor and Lógica es apegarse a la filosofía de la ley y el orden. El hecho de que recomendemos que los padres que no se excedan dando órdenes e imponiendo arbitrariamente sus soluciones para resolverle los problemas a los hijos, no significa que debamos permitir toda clase de mal comportamiento. El proceso consiste en dejar que los chicos cometan sus errores y luego enseñarle lecciones valiosas mediante palabras que los hagan pensar. Procuremos no dar sermones, hablar mucho ni recalcarles en la cara sus errores en la cara. Simplemente provea orientación, deja do que ellos piensen por sí mismos. Las declaraciones aplicables y las opciones claras hacen que ellos aprendan a pensar.

Construye paredes que no se derrumben

¿Cómo podemos establecer límites de comportamiento sin decirles a los chicos qué deben hacer? Los límites bien definidos son cruciales en lo que queremos hacer. Nuestros niños necesitan la seguridad de buenos límites para aprender a tomar decisiones. 

Necesitamos ponerles límites desde que son bebés. Algunos padres les dan a sus hijos la seguridad límites firmes. Otros, los dejan en la inseguridad y el temor al no proveerás suficientes límites, o al establecer límites que se derrumban fácilmente. 

Los chicos se sienten más seguros con padres firmes que no permiten que los límites que fijan se quiebren fácilmente. Por otra parte, los chicos pierden el respeto por los adultos que no pueden fijar límites o son laxos a la hora de hacerlos cumplir. En pocas palabras los chicos que se portan mal y no tienen que sufrir ninguna consecuencia se vuelven malcriados.   Los chicos que aprenden a respetar límites impuestos con amor se sienten seguros de sí mismos, y no solamente aprenden a lidiar saludablemente con sus emociones, sino que también aprenden a mantener relaciones satisfactorias con otros. Estas relaciones, a su vez, ayudan a que los chicos desarrollen más confianza en sí mismos. Así, se vuelven más prontos para aprender, tienen menos tendencia a portarse mal y van creciendo saludablemente para ser adultos responsables. La falta de límites firmes conduce a la baja estima y al tipo de comportamiento que se relaciona con ella.

Cómo hablarle a un chico

Para muchos padres establecer límites quiere decir dar órdenes y reforzar esas órdenes con más órdenes, gritos e ira. Piensan que cada vez que les dan órdenes a sus hijos están estableciendo límites, y que ente más levantan la voz y con más frecuencia repitan las órdenes, más firmes son esos límites. Esto pueda que produzca "buenos resultados" a corto plazo. Pero a la larga no funciona bien. 

Los padres que practican la formación con amor y lógica insisten en el respeto y la obediencia. Pero cuando les hablan a sus hijos usan un enfoque distinto. En vez de usar palabras que provocan peleas o que comunícan órdenes arbitrarias usan palabras que hacen pensar. Usar palabras para pensar en forma de preguntas o de declaraciones aplicables es clave para practicar la disciplina con amor y lógica. Esto hace que responsabilidad de pensar y tomar decisiones recaiga sobre el muchacho. 

¿Cuál es la diferencia entre palabras para pensar y palabras para pelear? Lo primero son órdenes arbitrarias; lo segundo, declaraciones reflexivas. Usamos palabras para pelear cuando desafiamos al chico a desobedecer y usamos amenazas negativas si no cumple la orden. V.g. ¡Nunca me vuelvas a hablar en ese tono de voz! Usamos palabras para pensar cuando usamos declaraciones que hacen que el chico piense por sí mismo. V.g. "Parece que estás enojado. Con gusto te escuchare cuando tu voz esté al mismo nivel que la mía.” 

Los chicos aprenden más de lo que se dicen a sí mismos que de lo que les decimos nosotros. Creen más rápidamente lo que se les ocurre en su propia cabeza. Cuando escogen una opción, piensan por sí mismos y toman sus propias decisiones se les queda la lección. 

¿Quieres cargar el saco o te lo quieres poner?

¿Te quieres poner los zapatos aquí o en carro?

¿Prefieres jugar calmadamente frente al televisor o hacer bulla afuera?

Los chicos pelean contra las órdenes y la diferencia ente órdenes y palabras para pensar es sutil. Si perciben que los padres están tomando más control, se pondrán a prueba a sí mismos para ver si pueden ganar de vuelta el control que les parece que están perdiendo. 

El ciclo de las amenazas

La tentación de usar amenazas es muy grande porque queremos con desesperación asaltar a nuestros hijos con órdenes fuertes, amenazas y palabras ofensivas para controlar su comportamiento, que nos hagan caso y someterlos a los límites que queremos imponerles. En otras palabras, cuando amenazamos no nos sentimos débiles. De otro modo nos sentimos como si tuviéramos que rogarles, y negociar con nuestros niños. Y las amenazas a veces funcionan... Pero no a largo plazo. 

Algunos chicos responden a las amenazas; otros, no. Sin embargo, aunque hagan lo que les decimos, lo harán enojados con la persona que les dio la orden. También pueda que cumplan la orden pero a medias, simplemente para retomar algo del control que sienten que están perdiendo. Así, de todos modos, están quebrando el límite que les hemos puesto.  La meta es usar palabras parar pensar y declaraciones que podamos hacer cumplir. 

Comportamiento pasivo agresivo

Cuando les pedimos a los chicos que hagan algo que no les gusta, con frecuencia responden con un comportamiento pasivo agresivo. Saben que tienen que cumplir con la orden para evitar el castigo, así que canalizan su ira de tal manera que les fastidie a los padres. Buscan que el fastidio sea tal que la próxima vez los padres lo piensen dos veces ants de darle la orden de nuevo.

El libro usa el jmplo de una niña que no quería lavar los platos, por eso se demoraba hasta que se hacía muy tarde en la noche, y estaba a las carreras en la mañana. Cuando la mamá finalmente daba el ultimátum, la chica empezaba a lavar los platos, pero "accidentalmente" se le rompía un vaso, y así se desquitaba de su mamá.   El mensaje de la chica con su comportamiento era: "Piénsalo dos veces antes de pedirme que lave los platos de nuevo,"

Comportamiento de resistencia pasiva 

Esto quiere decir que los chicos se resisten a cumplir las órdenes pero no se lo dic a sus padres. Se resisten por medio de su comportamiento, no con palabras. Por ejemplo, cuando el padre le dice que haga algo, el chico se hace el olvidadizo. La actitud de fondo es: "Lo hago pero a mi manera y en mi tiempo". La señal de que esto está pasando es que,os padres se frustran. Uno puede frustrarse por muchas cosas, pero siempre que haya chicos que practiquen la resistencia pasiva, los padres experimentarán mucha frustración. 

Es mejor pensar que pelear

Las palabras para pelear invitan a desobedecer. Realmente desafían al chico. Lo que estamos haciendo es pintando una raya en el piso y desafiando al chico a cruzarla. Las palabras para pelear incluyen tres tipos de órdenes:

Decirle a los chicos qué hacer, “Cortas el pasto (la yarda) ahora mismo.”

Decirlo a los chicos que no les está permitido, “¡No me vuelvas a hablar de esa manera!”

Decirle a los chicos lo que no les vamos a permitir, “No vas a salir de la casa hasta que limpies tu cuarto.” 

Cuando les damos órdenes con frecuencia estamos desafiando a los chicos a pelear y a menudo son combates que no podemos ganar. ¿Porqué mejor no usamos palabras que no invitan a pelear? Los límites se pueden establecer mejor cuando no estamos peleando con los chicos. Está clínicamente comprobado que los chicos no pueden pelear con nosotros y pensar a la vez. 

Los padres que quieren usar la disciplina del amor y la lógica usan palabras que hacen pensar y declaraciones que se pueden implementar. Por ejemplo:

Lo que vamos a permitir: “Ven a comer con tan pronto como termines de cortar la yarda.”

Lo que haremos: “Con gusto te leeré la historia tan pronto termines el baño.”

Lo que proveeremos: “Puedes comerte lo que te hemos servido o esperar a ver si la próxima comida te gusta más.” 

La palabra que más provoca a pelear es “no”. Se ha calculado que con niños de dos años los padres usan la palabra mpas de las tres cuartas partes del tiempo. Los chicos se cansan de oírla. La regla es que uses “no” lo menos que puedas. Por otra parte usa “sí” lo más que puedas. Por ejemplo: “Sí, puedes ver televisión tan pronto como acabes de lavar los platos” 

Usando palabras para pensar podemos establecer límites sin darles órdenes a los chicos. Por ejemplo, si quieres que poden el pasto podemos establecer la opción de cortar el pasto y comer la comida de turno, o no cortar el paso y no comer la comida de turno. En el mundo real, si no trabajamos, no comemos. Les estamos dando a nuestros hijos la opción de tomar sus propias decisiones. No hay necesidad de enojarse por ello. Nadie los está obligando a nada. Ellos están tomando sus propias decisiones.  

“Sí” siempre suena mejor que “no”, siempre y cuando estemos sanos y no nos divierta controlar a los demás. Eduquemos a nuestros hijos en el arte de tomar decisiones sabias desde temprano. Ejemplo:

Hijo: “¿Me puedes comprar  _______?” 

Padre: “Hijo, si alguien se merece tener ________, eres tú. !Cómpratelo!”

Hijo: “No tengo dinero.”

Padre: Cuanto lo siento. A mí me pasa esto todo el tiempo. Parece que no vamos a poder comprar hoy.”

Dí lo que quieres decir y lo que quieres decir dilo

Los chicos querrán todo el tiempo probar sus límites. De hecho es necesario que los prueben para que se cuenta de qué tan firmes son. Es importante para ellos saber si lo que les dijiste es verdaderamente lo que querías decirles. 

Algunos procuraran probar los límites con ira o culpa, otros se harán los olvidadizos. Se quejaran, tratarán de negociar, lloriquearán, saldrán corriendo para su cuarto, tratarán de ser respondones y muchas cosas más. Hacerlo sentir a uno culpable es uno de los trucos más efectivos. 

A los chicos no les gustan los métodos de la disciplina con amor y lógica. Preferirán los métodos antiguos que ya conocen y trataran de volver atrás cada vez que puedan. El límite es la opción del chico. Claro que les dará hambre si deciden esperar hasta la próxima comida, porque no quieren cortar el pasto. Pero el hambre es una consecuencia natural de sus decisiones. Si no quieres trabajar, tampoco comes. 

Si cedemos a la hora de imponer los límites, destruimos el sentido y la lección de las consecuencias. Estaremos estableciendo un límite que fácilmente se desmorona. Si nos enojamos por la decisión que tomaron y si les decimos luego: “te lo dije”, también estaremos ofreciendo un límite débil y arbitrario, y los chicos tendrán razones para enojarse con sus padres y no con ellos mismos. 

Los ingredientes para establecer límites saludables con nuestros hijos son: Usar palabras para pensar, ofrecer opciones, y no hacer despliegues de ira.

Tarea (Formato pdf)

• ¿Cómo uso los principios de «El arte de ser padres con amor y lógica» esta semana que pasó? ¿Les está dando opciones positivas o simplemente los estás obligando a hacer las cosas?A

• ¿Cómo puede poner límites sin simplemente decirles qué hacer? 

• Los limites son buenos. Los psicólogos han observado que los chicos juegan con más seguridad en un patio cerrado que en uno abierto. ¿Cómo le dices al chico que no corra hacia la calle? ¿Que no bote la comida? ¿Qué limpie su cuarto?

• ¿Cuando no ponemos límites los chicos sufren de baja estima. 

• Excusar un mal comportamiento porque el niño ha tenido una mala experiencia puede ser ridículo y llevarse a extremos peligrosos. Uno puede decirle al chico cosas como: «Otras personas han podido sobrellevar esta situación. Estoy seguro que tú también podrás». Esto muestra que usted tiene confianza en su habilidad para superarse.

 

Palabras para pelear y palabras para pensar: 

• El chico le dice algo rudo a los padres.

◦ P/Pl—“Nunca me vuelva a responder en ese tono!”

◦ P/Pn—“Parece que estás enojado. Con mucho gusto te escucharé cuando tu tono de voz sea como el mio.”

• Dos chicos están peleando.

◦ P/Pl— “Sean amables uno con el otro. Dejen de pelear.”

◦ P/Pn—“Muchachos pueden volver a jugar tan pronto como resulvan su problema.Y”

• El chico no limpia su cuarto

◦ P/Pl—“¡Ve al cuarto y lo limpias ya!”

◦ P/Pn—“______________________________________”

• La chica está perdiendo tiempo en el restaurante.

◦ P/Pl—“Apúrate!”

◦ P/Pn—“____________________________”

• A la chica siempre le olvida el sado.

◦ P/Pl—“Te pones el saco o ya verás”

◦ P/Pn—“¿Quieres ponerte el saco o llevarlo en la mano?”

• El chico pospone cortar el cesped.

◦ P/Pl—“¡Te pones a trabajar en la yarda ahora mismo!”

◦ P/Pn—“Come con nosotros tan pronto termines la yarda.”

• El chico quiere salir a juar.

◦ P/Pl—“No, no puedes jugar ahora hasta que hayas terminado la lección.”

◦ P/Pn—“Sí, puedes ir a jugar tan pronto termines la lección. 

• El chico quiere ver televisión en vez de hacer los quehaceres.

◦ P/Pl—“No, no puedes ver televisión hasta que hayas hecho lo que te pedí.” 

◦ P/Pn—“Sí, puedes ver televisión tan pronto termines tus quehaceres.”

Read more…