Control (6)

Lista de pasos para establecer límites

La siguiente es una lista de pasos necesarios para establecer efectivamente límites en el comportamiento de los niños:

  1. Reconozca su estilo de crianza habitual y defina qué cambios necesita hacer.
  2. Reconozca las necesidades y habilidades del niño según su etapa de desarrollo.
  3. Defina sus metas y expectativas de acuerdo con valores claros.
  4. Definir oportunidades de aprendizaje en ambientes sanos y positivos.
  5. Determinar qué habilidades necesita el niño reconocer y respetar el límite.
  6. Enseñarle al niños las habilidades que necesita.
  7. Establecer el límite y las consecuencias con claridad y firmeza.
  8. Dejar que las consecuencias se cumplan con firmeza, cada vez que el niño no respete el límite.
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OPCIONES Y TAREAS SEGUN LA EDAD

Del nacimiento a los 24 meses

  1. Recibir cuidado y cariño de una manera consistente.
  2. Acostumbrarse a un horario consistente para acostarse, comer y bañarse.
  3. Tener un ambiente seguro donde explorar su mundo
  4. Escuchar a los padres hablarles sobre su amor y las rutinas en su vida
  5. Aprender que las rabietas no son formas apropiadas de buscar la satisfacción de sus necesidades
  6. Escoger qué libro quiere que le lean al irse a dormir
  7. Físicamente redireccionar a los niños o quitarlos de lugar.

De 2 a 3 años

  1. Escoger un juguete de dos para jugar con él en el momento
  2. Recoger los juguetes
  3. Llenar el recipiente de una mascota (si la tiene)
  4. Poner la ropa sucia en su lugar
  5. Secar cuando derrama algo
  6. Limpiar el polvo sobre ciertas meses
  7. Recoger libros y revistas
  8. Establezca y mantenga las rutinas
  9. Use palabras claras, concretas y de ejemplos
  10. Anime a los niños a expresar sus sentimientos con palabras en vez de rabietas o lloriqueos
  11. El niño debe aprender a escoger entre estar con el grupo y portarse adecuadamente o retirarse a otro cuarto solo para calmarse.

De 4 a 5 años

  1. Tender su cama
  2. Botar la basura de recipientes pequeños
  3. Recoger el correo o el periódico
  4. Recoger la mesa
  5. Arrancar yerbas en el jardín
  6. Regar las flores
  7. Sacar los platos y cubiertos de la lavadora de platos
  8. Laver platos y pasillos de plástico
  9. Prepararse un plato de cereales
  10. Escoger entre actividades que les gusta

De 6 a 7 años

  1. Separar la ropa blanca y de color para lavar
  2. Barrer el piso
  3. Poner y recoger la mesa
  4. Ayudar a hacer y empacar su almuerzo (comida)
  5. Recoger las hojas del jardín con un rastrillo
  6. Mantener su cuarto, su cama y sus juguetes organizados
  7. Iniciar un sistema de asignación y manejo de dinero
  8. Identificar privilegios que pueden ganarse o perderse según sea el comportamiento

De 8 a 9 años

  1. Poner los platos y cubiertos en la lavadora de platos
  2. Empacar el mercado
  3. Aspirar
  4. Ayudar a cocinar
  5. Prepararse sus propios refrigerios
  6. Pegar botones
  7. Alistar su propia ropa para lavar
  8. Preparar su propio desayuno
  9. Trapear
  10. Cocinar alimentos simples
  11. Sacar a pasear a la mascota

De 10 años en adelante

  1. Secar y soblar la ropa
  2. Lavar los baños
  3. Lavar ventanas
  4. Lavar el carro
  5. Cocinar con supervisión
  6. Planchar
  7. Cuidar bebes
  8. Limpiar la cocina
  9. Cambiar las sábanas, fundas y sobre sabanas.
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¿Cómo establecer límites?

En su video de 15 minutos Michael Woods M.A. propone claramente las bases para establecer límites firmes y saludables con nuestros hijos. Los límites son reglas que controlan el comportamiento. ¿Qué se puede y qué no se puede hacer? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? El problema es que en la edad temprana, cuando aprendemos el valor, la firmeza y la necesidad de los límites, no tenemos la capacidad mental para entender conceptos abstractos. Según Jean Piaget, «el razonamiento y el aprendizaje de los niños es cualitativamente diferente al de los adultos. Los niños piensan y aprenden cosas concretas. En ellos la experiencia directa juega un papel mucho más significativo en su comprensión de la realidad.» Esto quiere decir que los niños basan sus creencias, percepciones y pensamientos sobre lo que es y lo que pasa en su hogar o en su escuela en sus experiencias cotidianas concretas. Los adultos, por el contrario, oímos o leemos y razonamos para entender qué pasa a nuestro alrededor y cómo son las cosas. Así, pues, si uno le dice a un niño que no juegue con el bate en la sala de la casa, pero él sigue jugando y no pasa nada, ¿qué aprende el niño respecto a esta regla? Obvio: Que está bien jugar con el bate en la sala, pese a lo que los papás le digan. Sin embargo, si cada vez que no cumple la regla, o traspasa el límite impuesto, le quitan el bate por el resto del día, probablemente pronto aprenderá que la regla quiere decir exactamente lo que dice, porque él ahora tiene un experiencia concreta sobre lo que significa la regla.

Cuando establecemos límites usamos palabras y acciones. Ambas cosas comunican un mensaje sobre cómo son las cosas en la casa, la escuela, el vecindario, en el parque o el supermercado. Pero únicamente las acciones son concretas y, por consiguiente, para los niños son las acciones las que definen las reglas. Los niños probarán los límites. Ellos quieren saber qué tan reales son las reglas y que tan lejos pueden ir. Unos niños son más voluntariosos que otros y querrán probar una y otra vez a ver si pueden hacer lo que en el momento quieren. Pero si los padres insisten consistentemente en las reglas y las acciones que les siguen, los chicos pronto se darán cuenta de que las cosas realmente son como los padres dicen.

¿Cómo estudian los niños la realidad? ¿Cómo llegan a darse cuenta de qué tanta autoridad tiene usted realmente? ¿Cómo saben si cuando usted dice una cosa realmente está seguro de ella? ¿Cómo se percatan de que sus acciones tienen consecuencias? Realmente no es a través de conferencias, lecturas o razonamientos. Seguramente, jamás van a venir a usted con una hoja y lápiz a hacerle estas preguntas. Lo que hacen es que prueban. Sienten el deseo de hacer algo que no está permitido o no quieren hacer algo que debe hacerse en un determinado momento y lugar y actúan para ver qué pasa. Es entonces cuando las acciones de los adultos tienen que comunicar el mensaje en una forma concreta y clara. 

¿Cómo pues podemos establecer límites que nuestros niños respeten? Para establecer límites efectivos los padres tenemos que lograr un balance de amor, respeto y firmeza. Lo podemos hacer recordando las siguientes pautas:

  1. Asegúrese de que sus mensajes son directos, claros, específicos y se enfocan en lo que usted quiere positivamente y no en la simple prohibición.  Por ejemplo, puede decirle al niño: «Prefiero que en la sala juegues con tus legos en vez del bate» 
  2. Provea dos opciones para que el niño escoja. Por ejemplo: «Prefieres jugar con tus legos en la sala o practicar con tu bate en el patio?»
  3. Establezca las consecuencias para que el niño asuma responsabilidad por sus actos. Por ejemplo: «Tendré que decomisarte el bate por el resto del día si sigues jugando con él en la sala.»

¿Cómo puede uno comunicar lecciones claras y positivas? Considere las siguientes pautas:

  1. No use palabras provocativas que inviten al chico a pelear con usted. No le diga: «¡Cómo eres de bruto! ¡No juegues con esa cosa adentro! ¿No ves que vas a romper algo?
  2. Sea breve. Recuerde que entre menos palabras use mejor será la lección.
  3. Controle su tono de voz. Usted no debe indicar que está asustado, ansioso, estresado o rabioso. Su tono de voz debe comunicar que usted es firme y está en control. Si los chicos perciben que usted está perdiendo el control, tendrán más ganas de probar sus límites y continuar en su lucha por el poder.
  4. Al establecer las opciones que el niño tiene, asegúrese de que siempre hay una tercera opción implícita. Usted decidirá, si ellos no lo hacen.
  5. Todas las veces que el niño ponga a prueba sus límites, asegúrese de que usted hace que la consecuencia se cumpla.

Vea también la lista de pasos para establecer límites.

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Dar el cerebro por muerto

Cambiar es difícil. Cuando lidiamos con nuestros hijos con frecuencia experimentamos diversos niveles de ansiedad, frustración, ira, temor y otras emociones que interfieren con nuestras buenas intenciones como padres. La ansiedad, por ejemplo, juega un papel muy importante cuando tememos que nuestros hijos sufran las consecuencias normales de sus acciones y estorbamos valiosas lecciones en su vida. La frustración puede hacer que reaccionemos con ira y acumulemos después culpabilidad. La culpabilidad nos puede llevar a romper los límites que hemos establecido y a crear incertidumbre en la mente de nuestros niños.

Una estrategia sencilla para neutralizar estos sentimientos es «dar el cerebro por muerto». Esto quiere decir que hay que aprender a responder rápido en cualquier circunstancia que provoque en nosotros estos sentimientos. Tan pronto nos demos cuenta de que nos están provocando, tenemos que dejar de pensar y mantener la calma.

Esta estrategia no es nueva. Hace mucho tiempo, los cristianos en el primer siglo la usaron efectivamente. Ellos pensaban que su bautismo era el punto a partir del cual estaban muertos a todos los sentimientos o deseos que los estorbaran para no lograr los objetivos de su nuevo compromiso (Romanos 6:11). Cuando se veían enfrentados a diversos y duros desafíos, so marco de pensamiento era: «Estoy muerto para cualquier cosa que me haga errar el blanco. Solo estoy vivo para Dios.»

Los padres modernos tenemos mucho que aprender de esto. Para nosotros, dar el cerebro por muerto puede ser algo así:

  1. Darse cuenta de que argumentar con un niño emocional es como razonar con un borracho. No sirve absolutamente para nada.
  2. Darse cuenta de que hay una estrecha conexión entre la parte pensante de nuestro cerebro y la parte del mismo que solo reacciona.
  3. Respirar profundamente unas tres veces para oxigenar bien todo el cerebro.
  4. Sentirse relajado o relajada. Tal vez usted tendrá que practicar la relajación de antemano para saber cómo se siente. Si usted es creyente, puede hacerlo mientras ora y se siente descansado en la presencia de Dios.
  5. Dejar de pensar. Si uno se pone a pensar en esos momentos, inmediatamente se conecta con la parte del cerebro que reacciona por encima de los pensamientos  y muy seguramente no responderá adecuadamente a la situación
  6. Si usted es un creyente, imagínese en la presencia de Dios en perfecta paz y tranquilidad.
  7. Con calma diga la frase ya planeada con anterioridad para lidiar efectivamente con la situación.

Gracias por leer este artículo. Sus preguntas y comentarios son bienvenidos.

Si usted entiende inglés puede ver el video “Going Brain Dead,” por Kerry Stutzman, MSW.

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abc

Aprender a tomar decisiones es difícil. Por lo general pasamos muchos años aprendiendo a hacerlo bien. De hecho, aún después de viejos a veces (y en algunos casos con frecuencia) hacemos decisiones muy tontas. ¿Cómo pueden nuestros hijos adquirir esta destreza? Digamos que para un niño aprender a tomar buenas decisiones es algo así como aprender a montar bicicleta. ¡Claro que aprender a montar bicicleta es mucho más fácil! Pero en ambos casos el niño tiene que desarrollar ciertas habilidades necesarias para lograr resultados. Los padres pueden proveer la bicicleta, las oportunidades y el entrenamiento; pero es el niño quien aprende a través de la práctica. Por otro lado, cuando queremos enseñar a nuestros niños a tomar buenas decisiones, podemos tropezar con un gran obstáculo. Cuando su hija está aprendiendo montar bicicleta usted la ve cuando no pedalea, no mira los obstáculos que tiene enfrente, pierde el balance y se cae. Por eso es mucho más fácil guiarla y animarla a lo largo del proceso. En cambio cuando cuando la está entrenando para tomar decisiones, no ve qué está pasando dentro de su pequeña cabeza. Es fácil asumir que simplemente es una niña terca, cabeza dura, rebelde y que francamente no quiere cooperar.

¿Qué es tomar decisiones?

Tomar una decisión es sencillamente escoger entre dos o más acciones posibles: Juego o como; respeto al resto de mi familia en la sala o me voy solo a mi cuarto; voy por mi cuenta al carro o mi papá me lleva cargado. ¡Claro estas decisiones se ven muy fáciles! Pero recuerde que su pequeño apenas está aprendiendo. Además aún estas simples decisiones requieren destrezas mentales complejas.

¿Qué habilidades se necesitan para tomar decisiones?

1. Entender las opciones

En primer lugar el niño tiene que entender claramente cuáles son sus opciones. Para eso tiene que pausar lo que está haciendo en el momento y enfocarse en lo que le dice su mamá. ¿Qué pasa si el niño no sabe cómo parar y sigue absorto en el juego mientras usted le habla? Usted puede asumir que es un chico terco, que no le quiere poner atención. Entonces se frustrará, se enojará y sentirá que tiene que imponerse por la fuerza. Pero también puede pensar que el niño no sabe todavía cambiar el enfoque de sus pensamientos de una cosa a otra.  Entonces le tomará la carita; lo mirará a los ojos y le dirá: «Juanito, mírame. ¿Que escoges? ¿Quedarte aquí jugando con tu tableta o ir a la mesa a comer con nosotros?» Al hacer esto usted le estará ayudando a dejar de pensar por un momento en el juego y a enfocarse en sus opciones para que pueda tomar su decisión. 

2. Asumir la responsabilidad correspondiente

Juanito también tiene que entender que él es responsable por la decisión. Eso de tomar decisiones por sí mismo puede ser difícil para él. Al fin y al cabo, está acostumbrado a que los adultos son los que dirigen su vida y toman las decisiones. Desde esa perspectiva puede asumir que su mamá le está dando un ultimátum para que deje de jugar. Usted entonces deberá decirle: «Juanito, es tu decisión. Escoge lo que te parezca mejor. Puedes quedarte aquí jugando con tu tableta o ir a la mesa a comer con nosotros.» Así usted le estará ayudando a entender que él es quien debe tomar la decisión. De otro modo el podrá pensar que la decisión es de mamá y que lo que él tiene que hacer es tratar de seguir jugando lo más que pueda hasta que le quiten la tableta por la fuerza.

3. Saber con qué parámetros cuenta

Juanito tiene que entender los datos importantes relacionados con su decisión. ¿Se va a servir la comida dentro de cinco minutos o ya está servida? ¿Su juego está a punto de terminar o acaba de empezar? ¿Puede pausar el juego o tiene que apagarlo? Si termina pronto el juego, ¿puede aún ir a la mesa? Estas cosas pueda que ni se le ocurran a Juanito; y si se le ocurren, puede ser que no sepa como preguntarlas. Usted entonces debe ayudarle a pensar en estas cosas. Por ejemplo, puede preguntarle: «Juanito, cuanto te falta para terminar tu juego?»

4. Entender las consecuencias 

El niño tiene que entender claramente cuáles serán las consecuencias de su decisión. Si no viene a la mesa se quedará sin cenar y no podrá comer nada hasta el desayuno en la mañana siguiente. Recuerde que Juanito esta aprendiendo y puede ser que no sepa cómo evaluar consecuencias. Usted entonces  le puede preguntar: «Juanito, ¿entiendes que si no vienes a comer con nosotros no habrá más comida hasta mañana? ¿Qué crees que puede pasar contigo?» De esta manera usted le estará ayudando a evaluar las consecuencias de su decisión. 

5. Pensar en qué es lo correcto

El quinto paso en este proceso es pensar en que tan importante o correcto es decidir de una u otra manera. Seguramente Juanito todavía no está listo para pensar por sí solo en estas cosas. El juego está divertido y él simplemente está emocionado. La mamá entonces puede decirle: «Juanito, a nosotros nos gusta comer juntos en la mesa. Somos tu familia y nos daría mucho gusto que comieras con nosotros. ¿Crees que es importante mostrar cómo nos queremos cuando comemos juntos?»

6 . Evaluar los pros y los contras

Juanito puede seguir con su juego y darse gusto, pero no va a poder comer hasta el día siguiente y desilusionará a su familia al no comer con ellos. El tiene que evaluar los pros y los contras de sus actos y hacer su decisión. Si decide quedarse jugando, usted no tiene que preocuparse ni molestarse. Él tomo su decisión. Ahora tendrá que lidiar con las consecuencias. 

Tres recomendaciones básicas

Como usted puede ver, aún para un niño de cinco años tomar decisiones puede ser un proceso complejo. Además, cómo si todo esto fuera poco, Juanito también deberá lidiar con su frustración, sus sentimientos, sus impulsos y los hábitos y reacciones que ha aprendido hasta este momento. Por esta razón es muy importante tener en cuenta las siguiese recomendaciones. 

1. Empiece lo más pronto posible

El entrenamiento para tomar decisiones debe comenzar cuando nazca el bebé. Debe continuar durante sus primeros meses y sus primeros años. A medida que crece el niño el proceso se va haciendo más complejo, las opciones son más numerosas, y se van formando hábitos y actitudes que pueden ayudar o dificultar el aprendizaje. Así que empiece su entrenamiento lo más pronto posible y sea consistente y perseverante.

2. Limite el número de opciones

Con los más pequeños debemos limitar las opciones a dos, asumiendo que si el niño no decide, los padres siempre decidirán por él. Haga preguntas tales como: «¿Cuál pantalón te quieres poner? ¿El negro o el azul?» «¿Te quieres poner el saco o prefieres llevarlo cargado?« «¿Vas a lavarte los dientes antes de ponerte la pijama o después?» El niño debe saber que si él no escoge, los padres decidirán por él.

3. Limite la importancia de las decisiones según la edad

La importancia de las decisiones que usted le permita tomar a sus hijos tiene que ser acorde con su edad. No puede decirle, por ejemplo: «¿Quieres hacer la tarea o ver televisión?» Hacer la tarea es muy importante y el poder de decisión del niño al respecto debe ser limitado. Más bien le puede preguntar: «¿Quieres quedarte sentado en la mesa sin hacer nada o prefieres hacer la tarea ya para que luego veas televisión?» El niño está muy pequeño todavía para decidir por sí mismo si hace la tarea o juega. Por otra parte, no se le ocurra decirle a su hija adolescente: «¿Linda, quieres ponerte la blusa rosada o la amarilla?» Puede ser la última vez que veas a tu hija por tu casa.

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